Primera parada en Köpstadsö, un pequeño puertecito
donde se puede atracar; en Styrsó hay una casa blanca, un bar y una barandilla
vieja; notas que vamos tomando durante el viaje; Styrso Skaret; Donsö, pequeño
pueblo con unas encantadoras casitas rojas en el puerto; Kärholmen, a la
tripulación se les cae la barandilla al agua, hay que recogerla; Vràngö.
Deducimos
que el barco es como un autobús o un tranvía, “el correo”, nos parece que le
dicen, el correo se detiene en cada uno de los pequeños puertecillos. La gente
sube, baja. Descargan cajas de botellas de bebida. Botellas de Gas. Bicicletas.
Y otros menesteres.
En proa y con un viento fresco parecemos el capitán Nemo.
En una de las islas, no recordamos cual, descienden una veintena de personas
que se dirigen hacia una casa verde, ¿…? “El barco, que llega el barco”, grita
un camarero a unos jóvenes que están tomando unas cervezas en la terraza.
Una japonesa que hablaba francés, inglés … nos
pregunta sobre las islas. We don´t know. No somos de aquí. Somos turistas como tú. Nos pregunta si bajamos. Así
es mi vida. Mi vida. Piedra como tú. Podemos dar una vuelta y volver en otro
barco. Como tú. Piedra pequeña como tú. La tentación no vive arriba, está al
lado, en cubierta de un “correo”. Once días, veinte países, treinta capitales.
Si hay algo parecido a viajar es lo que hace esta oriental. A salto de mata.
Eso es viajar. ¿Dónde vamos? No lo sé. ¿De dónde venimos? Creo que ya lo hemos
olvidado. Canto que ruedas como tú. Así es mi vida. Mi vida. Piedra como tú. Y
qué más da. Si nuestro destino es común. Común a todos.






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