No utilicen las cámaras, nos dicen. ¿Nos ven? o
¿Nos adivinan? ¡Ya! Ya las hemos utilizado. Efectivamente ya las habíamos
utilizado. Tras patearnos la planta baja subimos al último piso, para poder ir
bajando por las escaleras, no subiendo, sino descendiendo, la ley del
mínimo esfuerzo, hay que regular. En la
última planta podemos contemplar cuadros de Monet, Manet, Picasso, Renoir…
¿continuamos? Para qué, sería interminable. Nos “impresiona” la luz y las
pinceladas de los impresionistas. Por favor, la cámara- nos dicen. Ya, hombre,
ya. Que pesados con la cámara. Pues entonces, ¿nos ven? No somos virtuales que
dice Mickel. A que el virtual es Mickel y nos está engañando. Nos la escondemos tras la espalda. No nos sirve de nada. El
vigilante nos vigila. ¿A nosotros? ¿A la cámara? ¿A ambos siete? Lo miramos. Nos
mira. Sonreímos. Nos reímos. Ni se inmuta. Su gesto, de pocos amigos.

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