miércoles, 23 de julio de 2014

+ Haga








Se respira tranquilidad. Relax. El Silencio habla, como en el Maestrazgo, “donde el silencio habla”. Las calles perpendiculares a la principal están totalmente vacías, no hay ni un alma, o casi ningún alma. El silencio habla. Como si no viviese nadie. Ni siquiera hay coches aparcados. Vacuas. Volvemos a la calle principal. A Haga Nygata. Un par de chicas haciendo calceta. Un señora vende trastos viejos. 




La gente que vive en Haga, sentada en el exterior parece que esté apostada en una exposición. ¿Un reclamo turístico? Unos pocos turistas deambulan contemplando escaparates y personas. Nos cruzamos. La gente solo pasea por la calle principal. Las perpendiculares siguen vacías. 






Escaparate con zuecos. La fruta, en el exterior y en cestas, de una frutería, tiene buena pinta. Al final de la calle hay una farmacia. Algunas personas salen de un bar con una bandeja repleta de comida que se sientan a engullir en unas mesitas que hay en la acera. Nunca nos ha gustado comer al aire libre. Siempre pensamos que puede caer una mosca. Una cagada de pájaro. Basura de una ventana. Que sé yo. No nos gusta. Comer en el comedor. Nuestro propóleo, miel, néctar, jalea…






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