Tram 11. Pasaremos toda la mañana mirando al mar.
“Mirando al mar soñé…”. Sin movernos mucho. Reposando. Relajando. Hay que
recuperar. Al llegar a Satlholmen, pronuncian “Saltfelmén” bajamos. ¿Dónde va Vicente?
Donde va la gente. Seguimos con la gente que también ha descendido del tranvía
y que se dirige hacia unos barcos.
Pregunta - ¿quién pregunta? - se pregunta La Panda.
Tú.
¿Yooooo?
Sí, tú. Tu eres la lista.
¿Yooooooooo?
¿En inglés?
No va a ser en ruso, tía.
Pues si mi inglés es muy básicooooo.
Venga mujer. Ánimo.
¡Me “tocado”! Tras mi estrepitoso fracaso en el
puerto de Gotemburgo no me atrevo a preguntar. La duda y la desconfianza hacen
mella en mí. Temo otra frustración. Inspiro. El mundo no se hizo para los
cobardes. Y la verdad es que si no me zambullo nunca cruzaré el Portet a nado.
Pregunto a la señora, en inglés. ¿A qué hora salen los barcooooos? Me responde que,
ya. ¿Dónde vaaaaan? Ni idea. ¿Y volver? En treinta minutos el número uno y dos y en
dos horas el tres y cuatro. Eso si lo entiendooooo. Unos billetes para el de dos
horas, le digo toda emocionada. Pero si somos virtuales. Además nos sirve el
billete del tranvía, me apostilla. Explicación que también entiendo. ¡Qué
subidón! A que resulta que mi inglés no es tan básico. Estoy contenta, por una
vez he entendido y he conseguido que me entendiesen. Corro, desbordando
felicidad. ¡Eeeeeh Panda, el barco número tres!!!! Corremos hacia el barco número tres. Ya están
soltando amarras. ¿Cuándo vuelve? En dos horas, dos horas y media. Perfecto. Coincide
con la taquillera. ¡Vaya inglés que me utilizo! Por aproximadamente tres euros
se puede navegar dos horas en barco. Conseguimos un mapa del recorrido en
cubierta.


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