miércoles, 2 de julio de 2014

Poseidón







La vejeta, en inglés, Nos informa donde debemos subir al “tram” – obviamente el tranvía -, la dirección a seguir, donde bajar, … donde comprar los billetes, que nosotros no compramos, ¿para qué…? No nos ven… Y un sin fin de detalles. Tras dejar, penosamente, a la vejeta, a la amable señora, seguimos sus indicaciones, cruzamos la calle y nos dirigimos a la esquina, volvemos la vista atrás, todavía nos observa, sonreímos y levantamos los brazos diciéndole adiós. ¡¡Adiós!! Comienza a llover. Amenazaba lluvia y ahora se cumple la amenaza. La lluvia es una constante. Tranvía número cinco. Destino Torp. Franqueamos las paradas de Kungsportsplaten y Valand. Bajamos en Berzaling. Sigue lloviendo. Abrimos el paraguas. Nos arremolinamos todos dentro del paraguas. ¡Qué me mojo! ¡Arrímate! ¡Me sigo mojando! Otra vez igual: el paraguas, la mariconera, la cámara, el plano de la ciudad, el suéter… Con esta agua, en Valencia, ni salimos, y aquí nos vemos en la calle preguntando por el Hasselblad Centre. ¿Hasselblad? Yes. No nos entienden. Nadie nos entiende. No hay forma. ¿pero nos ven? Quizás ni nos vean. Pues si las cámaras las fabrican aquí, pensamos, creemos. Recapacitamos. Efectivamente “las cámaras Hasselblad las fabrican en la ciudad portuaria de Gotemburgo”, reza en cualquier folleto de publicidad. ¿Hasselblad Center? Yes. “Hoselblod”. Jolín que la vocal “a” la pronuncian “o”. “Joselblod”. Tras las escaleras - dicen. Buscamos. Preguntamos. Tras las escaleras, otra vez. Las escaleras nos las oculta un escenario donde ensayan el bolero de Ravel. Por cierto la estatua del Poseidón no es tan grande. En los folletos parece enorme, no lo es tanto, ya se sabe, un tele,  primer término y a exagerar.








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