La vejeta, en inglés, Nos informa donde debemos subir al “tram” –
obviamente el tranvía -, la dirección a seguir, donde bajar, … donde comprar
los billetes, que nosotros no compramos, ¿para qué…? No nos ven… Y un sin fin
de detalles. Tras dejar, penosamente, a la vejeta, a la amable señora, seguimos
sus indicaciones, cruzamos la calle y nos dirigimos a la esquina, volvemos la
vista atrás, todavía nos observa, sonreímos y levantamos los brazos diciéndole
adiós. ¡¡Adiós!! Comienza a llover. Amenazaba lluvia y ahora se cumple la
amenaza. La lluvia es una constante. Tranvía número cinco. Destino Torp. Franqueamos
las paradas de Kungsportsplaten y Valand. Bajamos en Berzaling. Sigue lloviendo.
Abrimos el paraguas. Nos arremolinamos todos dentro del paraguas. ¡Qué me mojo! ¡Arrímate! ¡Me sigo mojando! Otra vez
igual: el paraguas, la mariconera, la cámara, el plano de la ciudad, el suéter…
Con esta agua, en Valencia, ni salimos, y aquí nos vemos en la calle
preguntando por el Hasselblad Centre. ¿Hasselblad? Yes. No nos entienden. Nadie
nos entiende. No hay forma. ¿pero nos ven? Quizás ni nos vean. Pues si las cámaras
las fabrican aquí, pensamos, creemos. Recapacitamos. Efectivamente “las cámaras
Hasselblad las fabrican en la ciudad portuaria de Gotemburgo”, reza en
cualquier folleto de publicidad. ¿Hasselblad Center? Yes. “Hoselblod”. Jolín
que la vocal “a” la pronuncian “o”. “Joselblod”. Tras las escaleras - dicen.
Buscamos. Preguntamos. Tras las escaleras, otra vez. Las escaleras nos las
oculta un escenario donde ensayan el bolero de Ravel. Por cierto la estatua del
Poseidón no es tan grande. En los folletos parece enorme, no lo es tanto, ya se
sabe, un tele, primer término y a
exagerar.


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