Preguntamos a una vejeta, escribimos vejeta sin
ningún ánimo despectivo, al contrario, vieja nos sonaba muy duro, muy rudo, y
como era pequeña de estatura, se nos ocurre vejeta, que nos informa, en inglés,
de todo lo humano y parte de lo divino de Gotemburgo, comparando, mucho mejor,
pero mucho mejor, que en la Oficina de Turismo. Es curioso, setenta, ¿quizás
ochenta años? y hablando en inglés con unos extranjeros, sin ningún temor,
relajada, sonreía y nos miraba a los ojos, ¿pero nos veía?, ¿no somos una
fantasía, una ilusión?, ¿o somos una situación imaginada que puede llegar a ser
real?, decíamos, que nos hablaba, al tiempo que gesticulaba y nos cogía del
brazo. Mientras… lo dejamos ahí. Punto y final. ¡Para inteligentes!
No hay comentarios:
Publicar un comentario