Volvemos al teatro, nos sentamos en un banco frente
la Universidad. Esperamos. Mickel haría fotos. Con media docenita de fotos de
puntos blancos se conformaría, tendría completo el libro y… a esperar. ¿A
esperar? A esperar el dinero, las subvenciones, las ayudas económicas, siempre
llorando por cuatro euros, el puto dinero. En el primer proyecto, la duda; en
el segundo, las elecciones municipales. Ahora, la crisis. ¡Maldita crisis!
¿mañana? Con la cultura, cualquier escusa es buena para no aportar ni un duro.
No ocurre lo mismo con el fútbol, por ejemplo. En el fútbol no hay crisis. Crisis,
la de la gente que recoge envases de los cubos de basura. Hay gente que recoge
los envases de las bebidas, las botellas, de los basureros. Estos sí que están
en crisis, recogiendo envases de las papeleras y basureros. Nuestro amigo el
emigrante, el de la estación, por cierto no lo hemos vuelto a ver, también está en crisis. Los seis millones de parados de España
también están en crisis. Pero hay una fauna humana que nunca ha trabajado y
nunca entra en crisis, ¿crisis? ¿qué crisis? y una forma de encubrirlo es
creando problemas donde no los hay y no solucionando los problemas que hay, así
pueden mantenerse toda la vida, haciéndonos creer que son necesarios. No, no
queremos decir nombres. No diremos nombres. No vamos a decir nombres. No, no
digamos nombres, prorrumpimos interiormente.

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