jueves, 24 de abril de 2014

Primer paseo por Oslo







Comenzamos nuestro primer pateo viajero por Oslo. Primer día, primer gran cansancio. A ver si regulamos. Si ya vamos con esta actitud… Posiblemente consistiría en descansar completamente cada tres o cuatro días, con el fin de mantener el equilibrio. Nos dirigimos al metro, que dicho sea de paso está a cien metros del hotel. Nos ofrecen un billete que desde el momento que “tickas” en la “orange machine” puedes ir una hora en transporte público. Optamos por una segunda opción, un billete de tres días, puedes subir y bajar cuantas veces quieras. Subimos en Jeribanetorget, que es el centro, pasamos por Stortinget y bajamos en Nationalteathret. ¿pero para qué compramos billete, si siempre viajamos de incógnito? Si no existimos. Somos virtuales. No entendemos lo de la compra del billete. Primera visión, primera impresión. Una plazoleta, con una fuente en medio de la plaza con agua y espuma, mucha espuma, que acaba esparramándose por el suelo, el agua bien, lo de la espuma no lo entendemos. A la izquierda, la Universidad; a la derecha, el teatro; hacia delante la calle comercial continúa hasta perderse y tras nuestra espalda, el palacio real.







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