viernes, 18 de abril de 2014

Noruega







Hoy nos vamos hacia Oslo. El vuelo se nos hizo larguito. Los espacios entre asientos, en los Boeing 737, son bastante estrechos, por aquello de acumular pasajeros, imaginamos, y se nota. Sentados sin poder movernos. Te surgen las dudas del síndrome del turista de segunda, aunque estos aviones tampoco llevan “clase superior” donde puedes viajar más amplio o más relajado. Todo para abaratar precios. Aunque nosotros siempre vamos de incógnito. Para ir un poco más anchito o te sientas el primero de la fila o junto a las puertas de escape, hecho que no conseguimos, o al final te cuelgas las rodillas en la barbilla, hecho que sí conseguimos. Por lo demás perfecto. El paisaje, cuando el Boeing ya iba descendiendo y se podían vislumbrar mejor los detalles terrestres, de ensueño, por lo menos para un mediterráneo, paisaje para archivar y guardar en la retina. Bosques. Lagos. Casitas pintadas de un ocre oscuro o de un amarillo chillón. Riachuelos. Más bosques. Más lagos. Una cascada. Finlandia seguía en nuestros recuerdos. ¿O quizás no habíamos salido de Finlandia? Pensamos, que posiblemente el viaje ideal, fuera o fuese, en coche y por el interior, evitando las grandes urbes, que tampoco hay tantas, de pueblo en pueblo deteniéndonos donde quisiéramos. De bosque en bosque. Y de lago en lago.¿Pero quién conduce? ¿T**? Ni hablar del  peluquín. Acabaríamos contra un árbol. ¿Habrá osos en Noruega?









No hay comentarios:

Publicar un comentario