Hoy nos vamos hacia Oslo. El vuelo se nos hizo larguito. Los espacios
entre asientos, en los Boeing 737, son bastante estrechos, por aquello de
acumular pasajeros, imaginamos, y se nota. Sentados sin poder movernos. Te
surgen las dudas del síndrome del turista de segunda, aunque estos aviones
tampoco llevan “clase superior” donde puedes viajar más amplio o más relajado.
Todo para abaratar precios. Aunque nosotros siempre vamos de incógnito. Para ir un poco más anchito o te sientas el primero
de la fila o junto a las puertas de escape, hecho que no conseguimos, o al
final te cuelgas las rodillas en la barbilla, hecho que sí conseguimos. Por lo
demás perfecto. El paisaje, cuando el Boeing ya iba descendiendo y se podían
vislumbrar mejor los detalles terrestres, de ensueño, por lo menos para un
mediterráneo, paisaje para archivar y guardar en la retina. Bosques. Lagos.
Casitas pintadas de un ocre oscuro o de un amarillo chillón. Riachuelos. Más
bosques. Más lagos. Una cascada. Finlandia seguía en nuestros recuerdos. ¿O
quizás no habíamos salido de Finlandia? Pensamos, que posiblemente el viaje
ideal, fuera o fuese, en coche y por el interior, evitando las grandes urbes,
que tampoco hay tantas, de pueblo en pueblo deteniéndonos donde quisiéramos. De
bosque en bosque. Y de lago en lago.¿Pero quién conduce? ¿T**? Ni hablar del peluquín. Acabaríamos contra un árbol. ¿Habrá osos en
Noruega?


No hay comentarios:
Publicar un comentario