domingo, 6 de abril de 2014

Reflexionando


Paseando hacia el hotel vamos reflexionando, y cómo no, discutiendo, no me pises, me estás pisando tú, sobre las fotos. Muchas veces, infinidad de veces, no es la foto en sí, sino que es el análisis y razonamiento que de la misma, de la foto, hace el autor. Ulla con sus recuerdos de la niñez. Leigh con su provocación rozando el incesto. Muchas veces, pues… las fotos, “ni fú, ni fá”, pero la disquisición ha sido portentosa, grandiosa y deslumbrante. ¿pero y las fotos? ¡qué más da! “¿Qué te ha parecido?”, “¿y a tí?”, “les fotos una m****, pero la verborrea impresionant”. La foto del mar, que puede  ser una verdadera chorrada, deja de ser del mar, para filtrarse: “como un recuerdo de la niñez, ya que pasaba los veranos en Xàbia, en casa de la tía Leoncia, la cual, la tía, me llevaba a bañarme a la playa del Arenal, los domingos por la mañana”. ¿Metafísica? ¿Proustiano? No, real. Hay que saber encajar e introducir el producto. En el caso que nos ocupa, las fotos. Ya no vale hacer magníficas fotos. Hay que saber venderlas. Hay que olvidar el empirismo fotográfico y pasarnos al orden de lo simbólico. El orden de lo empírico sería el pasado, la oscuridad. El orden de lo simbólico el futuro, la luz. La oscuridad, la luz.



 



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