T´AMOS GOTAOS
viernes, 25 de julio de 2014
miércoles, 23 de julio de 2014
+ Haga
Se respira tranquilidad. Relax. El Silencio habla,
como en el Maestrazgo, “donde el silencio habla”. Las calles perpendiculares a
la principal están totalmente vacías, no hay ni un alma, o casi ningún alma. El silencio habla. Como
si no viviese nadie. Ni siquiera hay coches aparcados. Vacuas. Volvemos a la
calle principal. A Haga Nygata. Un par de chicas haciendo calceta. Un señora
vende trastos viejos.
La gente que vive en Haga, sentada en el exterior parece
que esté apostada en una exposición. ¿Un reclamo turístico? Unos pocos turistas
deambulan contemplando escaparates y personas. Nos cruzamos. La gente solo
pasea por la calle principal. Las perpendiculares siguen vacías.
Escaparate con
zuecos. La fruta, en el exterior y en cestas, de una frutería, tiene buena
pinta. Al final de la calle hay una farmacia. Algunas personas salen de un bar
con una bandeja repleta de comida que se sientan a engullir en unas mesitas que
hay en la acera. Nunca nos ha gustado comer al aire libre. Siempre pensamos que
puede caer una mosca. Una cagada de pájaro. Basura de una ventana. Que sé yo. No
nos gusta. Comer en el comedor. Nuestro propóleo, miel, néctar, jalea…
lunes, 21 de julio de 2014
Haga
Nos dirigimos a Haga. Con una calle peculiar y
pintoresca. Haga Nygata. El barrio es singular y característico. Lo que no
tenemos muy claro es la idiosincrasia de los habitantes del barrio ¿Hippies?,
el último reducto ¿Alternativos?, tampoco sabemos muy exactamente la definición
del término alternativos, pero se acopla. ¿Artesanos?, lo deducimos porque hay
bastantes tiendas de artesanía. El barrio, dicen, mantiene el carácter y la
personalidad del siglo XVIII, nosotros, nos parece, que no estuvimos en el
siglo dieciocho por aquí. Planta baja y dos pisos. Antiguamente la planta baja
era de madera y los pisos de piedra. Actualmente, y por miedo a los incendios,
nos suena que, por lo poco que entendemos y lo que traducimos de los folletos
turísticos, que suelen ir en inglés y en sueco, toda la construcción es de
piedra. Paseamos. Observamos. Contemplamos. Miramos escaparates. Seguimos
paseando.
Dentro del museo
No utilicen las cámaras, nos dicen. ¿Nos ven? o
¿Nos adivinan? ¡Ya! Ya las hemos utilizado. Efectivamente ya las habíamos
utilizado. Tras patearnos la planta baja subimos al último piso, para poder ir
bajando por las escaleras, no subiendo, sino descendiendo, la ley del
mínimo esfuerzo, hay que regular. En la
última planta podemos contemplar cuadros de Monet, Manet, Picasso, Renoir…
¿continuamos? Para qué, sería interminable. Nos “impresiona” la luz y las
pinceladas de los impresionistas. Por favor, la cámara- nos dicen. Ya, hombre,
ya. Que pesados con la cámara. Pues entonces, ¿nos ven? No somos virtuales que
dice Mickel. A que el virtual es Mickel y nos está engañando. Nos la escondemos tras la espalda. No nos sirve de nada. El
vigilante nos vigila. ¿A nosotros? ¿A la cámara? ¿A ambos siete? Lo miramos. Nos
mira. Sonreímos. Nos reímos. Ni se inmuta. Su gesto, de pocos amigos.
sábado, 19 de julio de 2014
Hasselblad Center
Entramos en
el museo / centro de exposiciones. Es gratuito. La planta baja dedicada a la
fotografía. El resto, cuadros de famosos pintores. En las fotos, de las que hay
varias exposiciones, no hay ni una sola foto social-comprometida, ¿cómo lo ves?
Con que foto social-comprometida. Siempre dando la "coña" con la foto social. Sobre
todo para los que no captamos este tipo de imágenes. Insistimos. No nos gusta el documentalismo de tripas fuera y
estómagos sangrientos. No nos gusta. No. Reconocemos que cumple una función
social de denuncia, no vamos a ser tan pueriles de negarlo, somos virtuales,
pero no pueriles, pero no nos imaginamos captando este tipo de imágenes. Todos
tenemos en la mente, los nombres de consagrados fotógrafos documentalistas,
algunos dejaron su vida en el empeño, que llenaron la fotografía de dignidad,
algunas veces hasta consiguieron modificar modos de vida. No, no diremos
nombres. “Recuerdo que leí un magnífico libro de fotografía, de un prestigioso
fotógrafo, en el que defendía y argumentaba que la fotografía debe ser
testimonial y representar los hechos cotidianos y relevantes que van acaeciendo
en nuestro entorno social. Para él, otro tipo de foto no existe”. Nosotros no
somos tan radicales, pero… puestos a escoger… nos quedamos con la foto
intimista y personal, que puede ser un bello documento, pero la “visceral”…
pues, repetimos, como que no nos gusta. Posiblemente una de las grandezas de la
fotografía resida en la pluralidad de criterios. Si todos pensásemos igual… la
vida sería muy aburrida, como dicen los
psicólog@s.
miércoles, 2 de julio de 2014
Poseidón
La vejeta, en inglés, Nos informa donde debemos subir al “tram” –
obviamente el tranvía -, la dirección a seguir, donde bajar, … donde comprar
los billetes, que nosotros no compramos, ¿para qué…? No nos ven… Y un sin fin
de detalles. Tras dejar, penosamente, a la vejeta, a la amable señora, seguimos
sus indicaciones, cruzamos la calle y nos dirigimos a la esquina, volvemos la
vista atrás, todavía nos observa, sonreímos y levantamos los brazos diciéndole
adiós. ¡¡Adiós!! Comienza a llover. Amenazaba lluvia y ahora se cumple la
amenaza. La lluvia es una constante. Tranvía número cinco. Destino Torp. Franqueamos
las paradas de Kungsportsplaten y Valand. Bajamos en Berzaling. Sigue lloviendo.
Abrimos el paraguas. Nos arremolinamos todos dentro del paraguas. ¡Qué me mojo! ¡Arrímate! ¡Me sigo mojando! Otra vez
igual: el paraguas, la mariconera, la cámara, el plano de la ciudad, el suéter…
Con esta agua, en Valencia, ni salimos, y aquí nos vemos en la calle
preguntando por el Hasselblad Centre. ¿Hasselblad? Yes. No nos entienden. Nadie
nos entiende. No hay forma. ¿pero nos ven? Quizás ni nos vean. Pues si las cámaras
las fabrican aquí, pensamos, creemos. Recapacitamos. Efectivamente “las cámaras
Hasselblad las fabrican en la ciudad portuaria de Gotemburgo”, reza en
cualquier folleto de publicidad. ¿Hasselblad Center? Yes. “Hoselblod”. Jolín
que la vocal “a” la pronuncian “o”. “Joselblod”. Tras las escaleras - dicen.
Buscamos. Preguntamos. Tras las escaleras, otra vez. Las escaleras nos las
oculta un escenario donde ensayan el bolero de Ravel. Por cierto la estatua del
Poseidón no es tan grande. En los folletos parece enorme, no lo es tanto, ya se
sabe, un tele, primer término y a
exagerar.
Por la calle
Preguntamos a una vejeta, escribimos vejeta sin
ningún ánimo despectivo, al contrario, vieja nos sonaba muy duro, muy rudo, y
como era pequeña de estatura, se nos ocurre vejeta, que nos informa, en inglés,
de todo lo humano y parte de lo divino de Gotemburgo, comparando, mucho mejor,
pero mucho mejor, que en la Oficina de Turismo. Es curioso, setenta, ¿quizás
ochenta años? y hablando en inglés con unos extranjeros, sin ningún temor,
relajada, sonreía y nos miraba a los ojos, ¿pero nos veía?, ¿no somos una
fantasía, una ilusión?, ¿o somos una situación imaginada que puede llegar a ser
real?, decíamos, que nos hablaba, al tiempo que gesticulaba y nos cogía del
brazo. Mientras… lo dejamos ahí. Punto y final. ¡Para inteligentes!
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