miércoles, 23 de julio de 2014

+ Haga








Se respira tranquilidad. Relax. El Silencio habla, como en el Maestrazgo, “donde el silencio habla”. Las calles perpendiculares a la principal están totalmente vacías, no hay ni un alma, o casi ningún alma. El silencio habla. Como si no viviese nadie. Ni siquiera hay coches aparcados. Vacuas. Volvemos a la calle principal. A Haga Nygata. Un par de chicas haciendo calceta. Un señora vende trastos viejos. 




La gente que vive en Haga, sentada en el exterior parece que esté apostada en una exposición. ¿Un reclamo turístico? Unos pocos turistas deambulan contemplando escaparates y personas. Nos cruzamos. La gente solo pasea por la calle principal. Las perpendiculares siguen vacías. 






Escaparate con zuecos. La fruta, en el exterior y en cestas, de una frutería, tiene buena pinta. Al final de la calle hay una farmacia. Algunas personas salen de un bar con una bandeja repleta de comida que se sientan a engullir en unas mesitas que hay en la acera. Nunca nos ha gustado comer al aire libre. Siempre pensamos que puede caer una mosca. Una cagada de pájaro. Basura de una ventana. Que sé yo. No nos gusta. Comer en el comedor. Nuestro propóleo, miel, néctar, jalea…






lunes, 21 de julio de 2014

Haga






Nos dirigimos a Haga. Con una calle peculiar y pintoresca. Haga Nygata. El barrio es singular y característico. Lo que no tenemos muy claro es la idiosincrasia de los habitantes del barrio ¿Hippies?, el último reducto ¿Alternativos?, tampoco sabemos muy exactamente la definición del término alternativos, pero se acopla. ¿Artesanos?, lo deducimos porque hay bastantes tiendas de artesanía. El barrio, dicen, mantiene el carácter y la personalidad del siglo XVIII, nosotros, nos parece, que no estuvimos en el siglo dieciocho por aquí. Planta baja y dos pisos. Antiguamente la planta baja era de madera y los pisos de piedra. Actualmente, y por miedo a los incendios, nos suena que, por lo poco que entendemos y lo que traducimos de los folletos turísticos, que suelen ir en inglés y en sueco, toda la construcción es de piedra. Paseamos. Observamos. Contemplamos. Miramos escaparates. Seguimos paseando. 







Dentro del museo







No utilicen las cámaras, nos dicen. ¿Nos ven? o ¿Nos adivinan? ¡Ya! Ya las hemos utilizado. Efectivamente ya las habíamos utilizado. Tras patearnos la planta baja subimos al último piso, para poder ir bajando por las escaleras, no subiendo, sino descendiendo, la ley del mínimo  esfuerzo, hay que regular. En la última planta podemos contemplar cuadros de Monet, Manet, Picasso, Renoir… ¿continuamos? Para qué, sería interminable. Nos “impresiona” la luz y las pinceladas de los impresionistas. Por favor, la cámara- nos dicen. Ya, hombre, ya. Que pesados con la cámara. Pues entonces, ¿nos ven? No somos virtuales que dice Mickel. A que el virtual es Mickel y nos está engañando. Nos la escondemos tras la espalda. No nos sirve de nada. El vigilante nos vigila. ¿A nosotros? ¿A la cámara? ¿A ambos siete? Lo miramos. Nos mira. Sonreímos. Nos reímos. Ni se inmuta. Su gesto, de pocos amigos.





sábado, 19 de julio de 2014

Hasselblad Center









 Entramos en el museo / centro de exposiciones. Es gratuito. La planta baja dedicada a la fotografía. El resto, cuadros de famosos pintores. En las fotos, de las que hay varias exposiciones, no hay ni una sola foto social-comprometida, ¿cómo lo ves? Con que foto social-comprometida. Siempre dando la "coña" con la foto social. Sobre todo para los que no captamos este tipo de imágenes. Insistimos. No nos gusta el documentalismo de tripas fuera y estómagos sangrientos. No nos gusta. No. Reconocemos que cumple una función social de denuncia, no vamos a ser tan pueriles de negarlo, somos virtuales, pero no pueriles, pero no nos imaginamos captando este tipo de imágenes. Todos tenemos en la mente, los nombres de consagrados fotógrafos documentalistas, algunos dejaron su vida en el empeño, que llenaron la fotografía de dignidad, algunas veces hasta consiguieron modificar modos de vida. No, no diremos nombres. “Recuerdo que leí un magnífico libro de fotografía, de un prestigioso fotógrafo, en el que defendía y argumentaba que la fotografía debe ser testimonial y representar los hechos cotidianos y relevantes que van acaeciendo en nuestro entorno social. Para él, otro tipo de foto no existe”. Nosotros no somos tan radicales, pero… puestos a escoger… nos quedamos con la foto intimista y personal, que puede ser un bello documento, pero la “visceral”… pues, repetimos, como que no nos gusta. Posiblemente una de las grandezas de la fotografía resida en la pluralidad de criterios. Si todos pensásemos igual… la vida sería muy aburrida, como dicen  los psicólog@s.

miércoles, 2 de julio de 2014

Poseidón







La vejeta, en inglés, Nos informa donde debemos subir al “tram” – obviamente el tranvía -, la dirección a seguir, donde bajar, … donde comprar los billetes, que nosotros no compramos, ¿para qué…? No nos ven… Y un sin fin de detalles. Tras dejar, penosamente, a la vejeta, a la amable señora, seguimos sus indicaciones, cruzamos la calle y nos dirigimos a la esquina, volvemos la vista atrás, todavía nos observa, sonreímos y levantamos los brazos diciéndole adiós. ¡¡Adiós!! Comienza a llover. Amenazaba lluvia y ahora se cumple la amenaza. La lluvia es una constante. Tranvía número cinco. Destino Torp. Franqueamos las paradas de Kungsportsplaten y Valand. Bajamos en Berzaling. Sigue lloviendo. Abrimos el paraguas. Nos arremolinamos todos dentro del paraguas. ¡Qué me mojo! ¡Arrímate! ¡Me sigo mojando! Otra vez igual: el paraguas, la mariconera, la cámara, el plano de la ciudad, el suéter… Con esta agua, en Valencia, ni salimos, y aquí nos vemos en la calle preguntando por el Hasselblad Centre. ¿Hasselblad? Yes. No nos entienden. Nadie nos entiende. No hay forma. ¿pero nos ven? Quizás ni nos vean. Pues si las cámaras las fabrican aquí, pensamos, creemos. Recapacitamos. Efectivamente “las cámaras Hasselblad las fabrican en la ciudad portuaria de Gotemburgo”, reza en cualquier folleto de publicidad. ¿Hasselblad Center? Yes. “Hoselblod”. Jolín que la vocal “a” la pronuncian “o”. “Joselblod”. Tras las escaleras - dicen. Buscamos. Preguntamos. Tras las escaleras, otra vez. Las escaleras nos las oculta un escenario donde ensayan el bolero de Ravel. Por cierto la estatua del Poseidón no es tan grande. En los folletos parece enorme, no lo es tanto, ya se sabe, un tele,  primer término y a exagerar.








Por la calle





Preguntamos a una vejeta, escribimos vejeta sin ningún ánimo despectivo, al contrario, vieja nos sonaba muy duro, muy rudo, y como era pequeña de estatura, se nos ocurre vejeta, que nos informa, en inglés, de todo lo humano y parte de lo divino de Gotemburgo, comparando, mucho mejor, pero mucho mejor, que en la Oficina de Turismo. Es curioso, setenta, ¿quizás ochenta años? y hablando en inglés con unos extranjeros, sin ningún temor, relajada, sonreía y nos miraba a los ojos, ¿pero nos veía?, ¿no somos una fantasía, una ilusión?, ¿o somos una situación imaginada que puede llegar a ser real?, decíamos, que nos hablaba, al tiempo que gesticulaba y nos cogía del brazo. Mientras… lo dejamos ahí. Punto y final. ¡Para inteligentes!