Cámara en ristre, cual
caballeros de la Edad Media, y a la calle, “… que ya es hora de pasearnos a
cuerpo…” Nos llegamos hasta la plaza del Senado, la plaza más fotografiada de
Helsinki, es el lugar donde estacionan los autobuses turísticos, donde se
arremolinan los turistas… donde topas con los turistas, donde chocas con los
turistas, ¿todos son turistas? Llegamos a especular que sí, todos son turistas.
Entramos en una tienda de suvenires, nos habla en italiano, somos españoles, le
decimos que venimos de Rovaniemi, nos comenta que en Rovaniemi hace frío y que hay
mosquitos, muchos mosquitos. Frío sí, mosquitos no vimos ni uno. ¿los mosquitos
conviven con el frío? Los osos sí, pero ¿los mosquitos? La Catedral, la escalera es impresionante. ¿Cómo, no? La
escalera está llena de turistas. Estatua de M. Lutero. Tras arduo ascenso,
sorteando turistas, llegamos a la cumbre, entramos en el edificio de la catedral.
Están tocando el órgano. “Toccata y Fuga de J. Sebastian Bach”, nos parece que
en Re menor. Nos pasaríamos horas y horas escuchándola, como el capitán Nemo de
“Veinte mil leguas de viaje submarino”. Nos sentamos. Escuchamos. Prestamos
atención, agudizamos el oído. Trascurre el tiempo. ¿Cuánto? ¿Otro agujero
negro? ¿Otra fluctuación cuántica? No lo sabemos, no nos importa. No tenemos
prisa. Salimos de la catedral. Descendemos la escalera. Unos autobuses están
descargando más turistas. Nosotros descendiendo las escaleras, los turistas
descienden del autobús. Nos encontramos en la explanada. Nos observamos. Intentan rodearnos. Salimos huyendo ante la masa turística. Nos atacan. ¡Eh, vosotros! ¡La Panda! Qué vosotros sois unos turista más. ¿Nosotros turista? Jamás. No, no queremos ser turistas. Somos ciudadanos del mundo. Viajeros. ¡¡La Panda!!


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