Llegamos a Helsinki. El hotel está a dos pasos mal
contados de la Estación de tren. Por hoy no cogemos taxi. La habitación bien,
iluminada, con mucha luz natural. Por unas ventanas observamos la plaza y por
las otras la calle. Nos tumbamos en la cama. Poco a poco nos abstraemos, nos
recogemos y nos adormecemos, nos quedamos totalmente traspuestos … zooommm … zooommmm … zooommm... somos pequeños y estamos cansados. Nos despertamos. ¿Qué me pasa? ¿Dónde
estamos? Ahora recordamos. Estamos en Helsinki. En el hotel. ¡Dios mío! Son las
siete de la mañana. Dieciocho horas durmiendo. ¡Puafff! Parece que estemos en otra dimensión. En un agujero negro. En una eternidad. ¿Fluctuación cuántica?

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