Plan del día. Coger un
trenecillo y darle una vuelta a Kuopio. Preguntamos en recepción. El tren ya no
circula. También es lástima. El último día, ayer. Vaya putada. Vamos andando por
el parque, vamos pensando, “igual tenemos suerte”, porque, o lo hemos soñado, o
lo hemos visto esta mañana, al tren, nos referimos. Efectivamente, habíamos
recorrido veinte metros mal contados, cuando nos encaramos con el tren, que
desde la otra parte del parque busca el hotel. No lo habíamos soñado. Desde los
ventanales de la habitación lo habíamos percibido de buena mañana. No era un
sueño, no. Vuelta atrás. Oye, que sí, que
hay tren. ¡Sorry! Pensábamos que no. Habían telefoneado a información y turismo,
preguntando por el trenecillo, muy amables. Pues es que sí. Subimos al tren.
Hace un frío del carajo. Y las suspensiones ni se sabe, o sea que no tiene.
Pero el viaje, a pesar del frío y del viento, y de las no-suspensiones merece
la pena. Pasa por el puerto, playa –
nobody - , - there isn´t anybody at the beach -, - there is nobody -, ¿y las
escandinavas desnudas?, atraviesa paralelo al campo de deportes, va circundando
unas calles hasta llegar a la plaza, donde se detiene, última parada.
¿Podemos
volver al hotel en el tren? Yes, not problema. Yo solo hablo “sabo”. No importa,
nos aclaramos. Nos aclaramos en “sabo”. Nos aclaramos por señas, nos aclaramos por gestos o nos
aclaramos por mímica. Pero nos aclaramos y eso es lo importante. La
comunicación, sea como fuere. A los
fineses les gustan las máquinas de azar, de juego, vaya, hay maquinitas en
todos los centros comerciales, y no suelen estar vacías. Oficina de Turismo, un
buen mapa. Lo nuestro son los mapas. Largas discusiones sobre los mapas, sin
llegar a ningún acuerdo. ¿Dónde vamos? No sé. Donde sea… Pero ¿dónde vamos?
Volvemos en el tren. Do you remember? Yes. Seguimos entendiéndonos. Lengua, gestos,
mímica, ademanes. Subimos en el tren. Nos sentamos. Sigue haciendo frío. Un frío terrible. Hasta
el hotel sin dar un paso.



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