Techos nuevos, caras nuevas. Paredes
nuevas, caras nuevas. Nuevas sensaciones. Nuevas impresiones y emociones.
Hombre, doña cámara… usted por aquí. Nuevo hotel. Nuevo día. Cámara en mano. Vagabundeamos,
deambulamos por las adoquinadas calles, vigiladas por encantadoras y atractivas
casas pintadas de chillones colores, hasta el puerto fluvial, lacustre, será
lacustre, de lago. La barriada, que une el lago con el hotel, tiene unas casas de madera, pintadas de azul y
amarillo que son una “pasada”. No vamos a añadir más adjetivos, una “pasada”. Aunque
sospechamos, que si las casas de madera se caen, ya no se renuevan, se
construyen lozanos apartamentos, que no están mal, pero… ya no son las tradicionales casas, ya que
junto a las antiguas y coloridas casas de madera, hay modernos edificios
residenciales. Las recientes viviendas también son agraciadas, pero carecen de
solera y raigambre. Recelamos que serán caras
de mantener, las casas de madera, apuntamos, de ahí el cambio, de lo veterano a
lo actual.


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