martes, 4 de noviembre de 2014

Seguimos en...




Hoy. Al abandonar el hotel, lo primero que nos encontramos es un indigente rebuscando en un cubo de basura. El corazón nos da un vuelco. 




¿Dónde quedaban aquellas historias de Mari y de Nicolás sobre Suecia? Y los libros que nos leía Mickel. “Suecia, infierno y paraíso”. “Europa, pecado y virtud”. Donde quedaba aquello de que en la nación sueca, un paraíso, todo eran virtudes. ¿Dónde queda la sociedad del bienestar? En la sociedad del bienestar hay gente en los contenedores cogiendo basura. ¿Es real lo que estamos viendo o quizás son alucinaciones? Seguimos andando. Cruzamos un puente. Por debajo un canal, donde fluye el agua, que comunica el lago Mälaren y el mar. Debíamos de haber leído con anterioridad al detective Kurt Wallander, que reflexiona, igualmente, desde la ciudad sueca de Ystad, donde ha quedado la sociedad sueca. ¿Cómo han sido posible tantos cambios? Llegamos al casco antiguo de la ciudad. Gamla Stam. Pintoresco. Nos sentamos en una plazoleta. Mitad en sombra y la otra mitad iluminada por un agradable y cálido sol. Llega una señora completamente sola. Se sienta en un banco junto al nuestro. ¿Nos ve? Se come un bocadillo sola. Se come la fruta, una pieza. Y un yogurt. Sigue sola. Y termina autorretratándose, también sola. ¿Sociedad del bienestar?





¿Nos vamos a Tallinn?
¿A Talliiiiinn? ¿A queeeeeeeeeeeeé?

Pues aTallinn

martes, 28 de octubre de 2014

Seguimos en Estocolmo







Seguimos en Estocolmo. Tras el desayuno, salimos buscando la Central Station. Seguimos preguntándonos el porqué de esta enfática aventura y no conseguimos dar con la respuesta. Ya tenemos la respuesta. ¿Por qué insistes? ¿Yoooooooo? Ya tienes la respuesta. Experiencia. Conocimiento. Vivencia. Aprendizaje. Un sinnúmero de días deambulando por Europa. Yo quiero volver a mi casa. Europa. Estocolmo. Ahora vivimos el presente, estamos en Estocolmo. La gente, afable, cordial, amable y simpática. Te ayudan en todo lo posible. Educados. Solícitos. Aunque limpia, lo que se dice limpia, la ciudad, no está mucho. Ni la estación, ni la ciudad. Nos decepciona. Esperábamos otra cosa, no sabemos qué, pero otra cosa.

¿Nos vamos a Tallinn?
¿A Tallinn?






viernes, 26 de septiembre de 2014

Frente al lago Mälaren







Nos sentamos junto al lago. Pensamos que nadie nos ve, somos virtuales. Inverosímiles. El día es fantástico. Sol. Nubes. Viento. Una luz impresionante. Un guía busca a su grupo. E imaginamos, tan sólo imaginamos, que en algún lugar, el grupo estará buscando a su guía. ¿Llorarán? El guía llama al hotel. Sin respuesta. No saben donde está el grupo. Sigue buscando. ¿Los encontrará? La respuesta en el próximo viaje. ¿Habrán desaparecido con los ”trolls”? ¿Se los habrán comido los osos? La gente entra en una tienda de recuerdos que hay en la planta baja. Nos sentamos en un banco. ¡Ojo! A ver si nos pisan, como… no nos ven. ¿Y si sí nos ven y se hacen los suecos? Otra vez, frente al lago Mälaren. El día sigue siendo fantástico. Lo más impresionante la luz. No, no y no. No nos apetecía venir a Estocolmo, no nos apetecía y no nos apetece. Más claro imposible. Pero ¿Por qué? No hay una lógica coherente. Antojos. Rarezas. Caprichos. Necesitamos a Freud. ¿Nos entendería? ¿…?
- ¿Nos vamos a Tallinn?
- Yooooooooo?
- No, tú no, TODOS. La Panda.
- ¿Y qué hacemos en Tallinn?
- Lo mismo que en Estocolmo. Viajar.
- A mí no me gusta viajar. ¡¡Quiero volver a casa!!
-¿A casaaaaaaaaaaaaaaa? Si es fantástico, tía.
-Prefiero estar en mi casita.
-Vengaaaaaaaa.
- ¿A Tallinn?

Seguimos en Estocolmo.






viernes, 5 de septiembre de 2014

Ayuntamiento

Salimos hacia el Ayuntamiento. Viento, mucho viento. La verdad es que, de momento, no le encontramos el punto a Estocolmo. Exteriormente, el hotel es oscuro y feo. 




A distintos niveles, en paralelo, y por el exterior, atraviesan por delante del edificio del hotel las carreteras y las vías del ferrocarril. Nos da la sensación que parece Chicago, el metro de Chicago, nunca hemos estado en Chicago, tan sólo la hemos visto en películas, en fotos, pero nadie nos quita la sensación de estar en la ciudad americana. No hay ningún tipo de bucolismo. Los peatones cruzamos por debajo de las calzadas y de las vías del tren. La verdad que no es muy romántico. Aunque vamos chunguito… voy generando de menos a más. En el Ayuntamiento hay que pagar para entrar dentro del edificio. ¡¡Por supuesto, nosotros no pagamos!! Ventajas de ser virtuales. 




Puedes pasear gratuitamente por el patio y por el jardín. Una joven lo intenta, penetrar por lo bravo, pero queda en eso, en un vano intento, porque conseguirlo, no lo consigue. Los grupos llevan su adhesivo identificativo en la solapa. Ella, aunque está toda enfadada, no lo lleva. Nosotros como somos virtuales, sí lo hemos conseguido.

domingo, 31 de agosto de 2014

"Pa´l" Norte, otra vez.






Hoy toca otra vez cambio. Y la pregunta de hoy y la pregunta desde que iniciamos el viaje es ¿a qué coño vamos a Estocolmo? No sabemos el porqué, pero se nos ha atragantado. Eso de volver a subir… no nos gusta. Cuando salimos de viaje. Siempre de retorno. Al pesebre. Siempre bajando. Hacia casa. Al Sur. Porque el sur también existe.




El viaje en tren se nos hace larguito. Posiblemente porque vamos con los campos magnéticos cambiados. En negativo. Desde las diez a las quince horas. Cinco horas de tren. Teníamos, teníamos siempre teníamos, que haber cogido el tren de alta velocidad. Gotemburgo, Estocolmo, tres horas y poco. Pensamos que trayectos más largos podríamos realizar sin cansarnos tanto. El problema son las vibraciones. Si son positivas o negativas. Bosques. Lagos. Cereales. Vagarda. Falköping. Sköyde – hay un cuartel militar - Cereales. Orebro. Bosques. Bosques. Kóping – ¿un misil cohete? - Västerás – El lago Mälaren – Central Station. La T-Centralem la encuentramos rara. El  tren se ha detenido en la planta baja, junto al Arlanda Espress.




Después de todo el día deambulando entre bosques, lagos, más bosques y más lagos, en un tren borreguero de Sur a Norte y de Norte a Oeste, el recorrido es antinatural, por fin se decide, da la vuelta rodeando el lago Mälaren y llegamos a Estocolmo. Pero… sinceramente por quince euros ¿se puede pedir más?





Agotados. Mal.  Mal. Hemos llegado a contrapelo.

Frío. Frío.


Cenamos y a la cama. Dormimos de un tirón hasta las siete. Nos hacía falta

lunes, 28 de julio de 2014

El Archipiélago




Primera parada en Köpstadsö, un pequeño puertecito donde se puede atracar; en Styrsó hay una casa blanca, un bar y una barandilla vieja; notas que vamos tomando durante el viaje; Styrso Skaret; Donsö, pequeño pueblo con unas encantadoras casitas rojas en el puerto; Kärholmen, a la tripulación se les cae la barandilla al agua, hay que recogerla; Vràngö. 





Deducimos que el barco es como un autobús o un tranvía, “el correo”, nos parece que le dicen, el correo se detiene en cada uno de los pequeños puertecillos. La gente sube, baja. Descargan cajas de botellas de bebida. Botellas de Gas. Bicicletas. Y otros menesteres. 





En proa y con un viento fresco parecemos el capitán Nemo. En una de las islas, no recordamos cual, descienden una veintena de personas que se dirigen hacia una casa verde, ¿…? “El barco, que llega el barco”, grita un camarero a unos jóvenes que están tomando unas cervezas en la terraza.







Una japonesa que hablaba francés, inglés … nos pregunta sobre las islas. We don´t know. No somos de aquí. Somos turistas como tú. Nos pregunta si bajamos. Así es mi vida. Mi vida. Piedra como tú. Podemos dar una vuelta y volver en otro barco. Como tú. Piedra pequeña como tú. La tentación no vive arriba, está al lado, en cubierta de un “correo”. Once días, veinte países, treinta capitales. Si hay algo parecido a viajar es lo que hace esta oriental. A salto de mata. Eso es viajar. ¿Dónde vamos? No lo sé. ¿De dónde venimos? Creo que ya lo hemos olvidado. Canto que ruedas como tú. Así es mi vida. Mi vida. Piedra como tú. Y qué más da. Si nuestro destino es común. Común a todos.