miércoles, 2 de julio de 2014

Por la calle





Preguntamos a una vejeta, escribimos vejeta sin ningún ánimo despectivo, al contrario, vieja nos sonaba muy duro, muy rudo, y como era pequeña de estatura, se nos ocurre vejeta, que nos informa, en inglés, de todo lo humano y parte de lo divino de Gotemburgo, comparando, mucho mejor, pero mucho mejor, que en la Oficina de Turismo. Es curioso, setenta, ¿quizás ochenta años? y hablando en inglés con unos extranjeros, sin ningún temor, relajada, sonreía y nos miraba a los ojos, ¿pero nos veía?, ¿no somos una fantasía, una ilusión?, ¿o somos una situación imaginada que puede llegar a ser real?, decíamos, que nos hablaba, al tiempo que gesticulaba y nos cogía del brazo. Mientras… lo dejamos ahí. Punto y final. ¡Para inteligentes!

domingo, 22 de junio de 2014

In the street



Nos dirigimos a la oficina de Información y Turismo. Los billetes de seis viajes, 100 Kor. Coronas. Tres días indefinidos, 200 Kor por barba. Si lo tienes claro sale más barato el billete de tres días. Puedes bajar, salir, entrar, subir… del medio de transporte elegido sin tener que controlar los noventa minutos que, nos dijeron, dura el billete normal. ¡¡Pero para que narices queremos nosotros billetes!!! Si no nos ve nadie. Si somos virtuales. Si viajamos como queremos. Podríamos ir en taxi, ¿en bus turístico? pero… perderíamos las sensaciones del contacto con la gente del lugar. Iremos en tranvía. En taxi o en bus turístico perderíamos nuestro espíritu viajero. Pareceríamos unos turistas vulgares y corrientes. Pareceríamos unos turistas que debido a las prisas, y corriendo tras un paraguas, no se enteran de nada, y que al final del viaje, confunden la Mezquita de Granada con el Coliseo Romano, o la Torre inclinada de Londres con la torre Eiffel de Budapest. En veinte días, treinta países y cuarenta y dos capitales. En resumen perderíamos nuestra idiosincrasia del viaje.








sábado, 21 de junio de 2014

Desayuno




Bajamos a desayunar. Seguimos siendo invisibles. Nadie nos pide el número de habitación. ¿Pero realmente dormimos en una habitación? ¿O todo es virtual? ¿Todo es una ficción y una mentira? ¿Un engaño? El “todo”, dicen que está en la cultura.¿Pero hay algo verdadero en esta historia? ¡Vaya! ¡Vaya! Dijo la vaca baya saltando la valla. ¡Aquí hay nueces! Própolis. Miel. Jalea real. Nos vamos a poner las botas. 




viernes, 20 de junio de 2014

Gotemburgo

Tras pasar nuestra primera noche, en Gotemburgo, durmiendo relajada y profundamente, nos sentimos más descansados. Estamos con ganas de comernos el mundo. Espero que el mundo no nos coma a nosotros, que es lo más normal,  porque no sabemos de nadie que se haya comido el mundo. ¿Y el mundo se ha comido alguna "Panda" de viaje?




 La habitación está decorada con colores muy llamativos: rojo, verde, azul, amarillo. La moqueta igual, sobre fondo verde, relajante, sobresalen los alborotadores colores. Cuando la observas parece que te suba el ánimo. 




La de Oslo estaba decorada con colores muy oscuros, era más deprimente y triste. Esta es alegre y viva. Este colorido crea un ambiente puramente abstracto. Los colores chillones no son un simple hecho que deja indiferente a la percepción. ¡¡Viva la alegría!! Fuera la depresión. 


miércoles, 4 de junio de 2014

En tren hacia Gotemburgo






 El tren llega puntual. Se le ve macizo y sólido. Por dentro es bastante coqueto. Nos sentamos frente a un par de vejetes, ellos no nos ven, nosotros a ellos sí. Escuchamos. Los vejetes van cuatro días a reunirse con unos amigos en Gotemburgo. La vida en Noruega es cara, los sueldos altos, pero la vida muy cara. A la izquierda una cuarentona lee. ¿Nos mira?, ¿Nos ve? Sonríe, ¿a nosotros? No puede ser. En la estación de Gotemburgo la están esperando unas amigas. 







Más atrás, otra chica va con su ordenador, también la esperan en la estación. Esperan a todo el mundo menos a nosotros. A nosotros no me espera nadie. Es melodramático, aunque normal, ya que no conocemos a nadie. 






Extraño sería que nos estuviesen esperando.  ¡Qué susto! Nadie. No conocemos a nadie. Además somos virtuales. No existimos. Aunque nos gusta que nos esperen. Y nos gusta esperar. Alegría, abrazos, besos. Al parar el tren y descender al andén, los vejetes desaparecen. La cuarentona desaparece con sus amigas. La chica del oredenador desaparece. Tras cuatro horas de viaje… ni un adiós, ni un “hasta luego”. Nos quedamos solos. Abatidos. Decaídos.

¡Venga ánimo! ¡¡Arriba!! 



domingo, 1 de junio de 2014

Drobak

                                   





Hoy nos toca traslado. Seguimos buscando el sur, porque El Sur también existe.Tras cerca de una hora de viaje, de traqueteo, zarandeo y sacudimientos llegamos a un precioso pueblecito junto al mar. Drobak. 






Hoy, en la plaza del primoroso pueblo hay mercado. Un mercadillo. El mercadillo tiene su encanto. Vagueamos. Nos acercamos hasta el mar. Medusas. Está lleno de medusas. Paseamos por el embarcadero. Al final hay un pequeño faro con el techo de un rojo brillante.






Frente a nosotros, a la otra parte del fiordo debe estar el Press Museum. Volvemos al interior del pueblo. Bibliotek, tienen algunos libros en español. La Biblioteca está en la plaza donde está  emplazado el mercado. Los lugareños entran a los lavabos de la biblioteca a probarse la ropa del mercado. El excusado convertido en probador. La joya de la corona es la casita de papa Nöel. Tras los pasos de Santa Claus. 






Por lo que nos cuentan, y entendemos con nuestro básico inglés, ¿pero nos cuentan cosas? ¿entonces nos ven? ¿no somos virtuales? Santa Claus pasa el invierno en Rovaniemi, ya se sabe, las cartas, las navidades, los regalos… y en verano, tras el arduo trabajo invernal, se baja a pasar las vacaciones a Drobak. 




lunes, 26 de mayo de 2014

Reflexiones







Tras la visita al museo, reflexionamos sobre las imágenes expuestas en las paredes.

En las paredes de museos, exposiciones… 

Vamos a aprovechar una “afoto” de Mickel. La miramos. Nos concentramos. Le enviamos ondas mentales. Vamos observando que quienes ven, nosotros, estamos quedando atrapados por lo que vemos, la foto. Y lo que vemos sigue siendo lo mismo. Y así, por la misma razón, la visión que ejercemos la sufrimos también desde la foto, de tal modo que, nos sentimos mirados por la foto. Miramos. Nos mira. Observamos. Nos observa. Nuestra actitud activa es igualmente pasiva. De modo que quien ve, nosotros, y lo que se ve, la foto,  mantienen una relación recíproca y ya no sabemos qué ve y qué es visto. Ni quién ve, ni quién es visto.