Nos dirigimos a la oficina de Información y Turismo. Los billetes de seis viajes, 100 Kor. Coronas. Tres días indefinidos, 200 Kor por barba. Si lo tienes claro sale más barato el billete de tres días. Puedes bajar, salir, entrar, subir… del medio de transporte elegido sin tener que controlar los noventa minutos que, nos dijeron, dura el billete normal. ¡¡Pero para que narices queremos nosotros billetes!!! Si no nos ve nadie. Si somos virtuales. Si viajamos como queremos. Podríamos ir en taxi, ¿en bus turístico? pero… perderíamos las sensaciones del contacto con la gente del lugar. Iremos en tranvía. En taxi o en bus turístico perderíamos nuestro espíritu viajero. Pareceríamos unos turistas vulgares y corrientes. Pareceríamos unos turistas que debido a las prisas, y corriendo tras un paraguas, no se enteran de nada, y que al final del viaje, confunden la Mezquita de Granada con el Coliseo Romano, o la Torre inclinada de Londres con la torre Eiffel de Budapest. En veinte días, treinta países y cuarenta y dos capitales. En resumen perderíamos nuestra idiosincrasia del viaje.
domingo, 22 de junio de 2014
In the street
Nos dirigimos a la oficina de Información y Turismo. Los billetes de seis viajes, 100 Kor. Coronas. Tres días indefinidos, 200 Kor por barba. Si lo tienes claro sale más barato el billete de tres días. Puedes bajar, salir, entrar, subir… del medio de transporte elegido sin tener que controlar los noventa minutos que, nos dijeron, dura el billete normal. ¡¡Pero para que narices queremos nosotros billetes!!! Si no nos ve nadie. Si somos virtuales. Si viajamos como queremos. Podríamos ir en taxi, ¿en bus turístico? pero… perderíamos las sensaciones del contacto con la gente del lugar. Iremos en tranvía. En taxi o en bus turístico perderíamos nuestro espíritu viajero. Pareceríamos unos turistas vulgares y corrientes. Pareceríamos unos turistas que debido a las prisas, y corriendo tras un paraguas, no se enteran de nada, y que al final del viaje, confunden la Mezquita de Granada con el Coliseo Romano, o la Torre inclinada de Londres con la torre Eiffel de Budapest. En veinte días, treinta países y cuarenta y dos capitales. En resumen perderíamos nuestra idiosincrasia del viaje.
sábado, 21 de junio de 2014
Desayuno
Bajamos a desayunar. Seguimos siendo invisibles.
Nadie nos pide el número de habitación. ¿Pero realmente dormimos en una
habitación? ¿O todo es virtual? ¿Todo es una ficción y una mentira? ¿Un engaño? El
“todo”, dicen que está en la cultura.¿Pero hay algo verdadero en esta historia? ¡Vaya!
¡Vaya! Dijo la vaca baya saltando la valla. ¡Aquí hay nueces! Própolis. Miel. Jalea real. Nos vamos a poner las botas.
viernes, 20 de junio de 2014
Gotemburgo
Tras pasar nuestra primera noche, en Gotemburgo,
durmiendo relajada y profundamente, nos sentimos más descansados. Estamos con
ganas de comernos el mundo. Espero que el mundo no nos coma a nosotros, que es
lo más normal, porque no sabemos de
nadie que se haya comido el mundo. ¿Y el mundo se ha comido alguna "Panda" de
viaje?
La habitación está decorada con colores muy llamativos: rojo, verde,
azul, amarillo. La moqueta igual, sobre fondo verde, relajante, sobresalen los
alborotadores colores. Cuando la observas parece que te suba el ánimo.
La de
Oslo estaba decorada con colores muy oscuros, era más deprimente y triste. Esta
es alegre y viva. Este colorido crea un ambiente puramente abstracto. Los
colores chillones no son un simple hecho que deja indiferente a la percepción. ¡¡Viva
la alegría!! Fuera la depresión.
miércoles, 4 de junio de 2014
En tren hacia Gotemburgo
El tren llega puntual. Se le ve
macizo y sólido. Por dentro es bastante coqueto. Nos sentamos frente a un par
de vejetes, ellos no nos ven, nosotros a ellos sí. Escuchamos. Los vejetes van
cuatro días a reunirse con unos amigos en Gotemburgo. La vida en Noruega es
cara, los sueldos altos, pero la vida muy cara. A la izquierda una cuarentona
lee. ¿Nos mira?, ¿Nos ve? Sonríe, ¿a nosotros? No puede ser. En la estación de
Gotemburgo la están esperando unas amigas.
Más atrás, otra chica va con su
ordenador, también la esperan en la estación. Esperan a todo el mundo menos a
nosotros. A nosotros no me espera nadie. Es melodramático, aunque normal, ya
que no conocemos a nadie.
Extraño sería que nos estuviesen esperando. ¡Qué susto! Nadie. No conocemos a nadie. Además
somos virtuales. No existimos. Aunque nos gusta que nos esperen. Y nos gusta
esperar. Alegría, abrazos, besos. Al parar el tren y descender al andén, los
vejetes desaparecen. La cuarentona desaparece con sus amigas. La chica del
oredenador desaparece. Tras cuatro horas de viaje… ni un adiós, ni un “hasta
luego”. Nos quedamos solos. Abatidos. Decaídos.
¡Venga ánimo! ¡¡Arriba!!
domingo, 1 de junio de 2014
Drobak
Hoy nos toca traslado. Seguimos buscando el sur,
porque El Sur también existe.Tras cerca de una hora de viaje, de traqueteo,
zarandeo y sacudimientos llegamos a un precioso pueblecito junto al mar.
Drobak.
Hoy, en la plaza del primoroso pueblo hay mercado. Un mercadillo. El
mercadillo tiene su encanto. Vagueamos. Nos acercamos hasta el mar. Medusas.
Está lleno de medusas. Paseamos por el embarcadero. Al final hay un pequeño
faro con el techo de un rojo brillante.
Frente a nosotros, a la otra parte del
fiordo debe estar el Press Museum. Volvemos al interior del pueblo. Bibliotek,
tienen algunos libros en español. La Biblioteca está en la plaza donde
está emplazado el mercado. Los lugareños
entran a los lavabos de la biblioteca a probarse la ropa del mercado. El
excusado convertido en probador. La joya de la corona es la casita de papa
Nöel. Tras los pasos de Santa Claus.
Por lo que nos cuentan, y entendemos con
nuestro básico inglés, ¿pero nos cuentan cosas? ¿entonces nos ven? ¿no somos
virtuales? Santa Claus pasa el invierno en Rovaniemi, ya se sabe, las cartas,
las navidades, los regalos… y en verano, tras el arduo trabajo invernal, se
baja a pasar las vacaciones a Drobak.
lunes, 26 de mayo de 2014
Reflexiones
Tras la visita al museo, reflexionamos sobre las
imágenes expuestas en las paredes.
En las paredes de museos, exposiciones…
Vamos a
aprovechar una “afoto” de Mickel. La miramos. Nos concentramos. Le enviamos
ondas mentales. Vamos observando que quienes ven, nosotros, estamos quedando
atrapados por lo que vemos, la foto. Y lo que vemos sigue siendo lo mismo. Y
así, por la misma razón, la visión que ejercemos la sufrimos también desde la
foto, de tal modo que, nos sentimos mirados por la foto. Miramos. Nos mira. Observamos.
Nos observa. Nuestra actitud activa es igualmente pasiva. De modo que quien ve,
nosotros, y lo que se ve, la foto,
mantienen una relación recíproca y ya no sabemos qué ve y qué es visto.
Ni quién ve, ni quién es visto.
sábado, 24 de mayo de 2014
Museo E Munch
Nos acercamos hasta el museo Munch. Edvard Munch de todos es sabido que
era noruego. Nos parece que al año de edad, él y su familia, se trasladaron a
vivir a Oslo. Pensamos que es el aniversario de algo, celebran algo, pero no
sabemos el que. El edificio, el museo, está ubicado en el centro de un parque. ¿gratis?
¿quién, dijo gratis? Pagando. Menos mal que nosotros no pagamos, la virtualidad
tiene sus ventajas. Nadie nos ve. A los humanos, a los que sí ven, los cachean a la entrada. Parece el
aeropuerto. Te permiten captar fotos, cosa rara en los museos, pero para uso privado. Por supuesto sin flash,
sin trípode. Tampoco se permiten cuchillos, tijeras… deben estar muy temerosos
y desconfiados porque en unos años les han robado dos veces “El Grito”.
“El
Grito” es la obra cumbre de Munch. En cualquier folleto o enciclopedia podemos
leer que … “la
fuente de inspiración para “El grito”
podría encontrarse quizá, en la atormentada vida del artista, un hombre educado
por un padre severo y rígido que, siendo niño, vio morir a su madre y a una
hermana de tuberculosis. A Laura, su hermana favorita, le diagnosticaron un trastorno bipolar y fue internada en un psiquiátrico. El estado anímico del artista
queda reflejado en estas líneas, que Munch escribe en su diario hacia 1892:
Paseaba por un sendero con dos amigos - el sol se puso - de repente el cielo se
tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio -
sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad
- mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un
grito infinito que atravesaba la naturaleza”. Munch realizó
cuatro versiones de “El grito”.
Hablemos de los robos. El 12 de febrero de 1994, “El grito” de la Galería Nacional de
Oslo fue robado en pleno día, para más coña los ladrones se permitieron dejar esta
nota: "Gracias por la falta de
seguridad". El cuadro fue recuperado … El 22 de agosto de 2004,
la versión expuesta en el Museo Munch fue robada a mano armada por tres hombres
enmascarados, junto con la Madonna
del mismo autor. Los dos cuadros fueron recuperados por la policía noruega, dos
años después de su robo, y en relativo buen estado. Después de trasladar las
explicaciones de los folletos, pasamos a relatar nuestras vivencias personales.
Líneas horizontales, la muerte. Líneas verticales, la vida. La Madonna. La
Madonna con cuatro trazos. El Grito. Nos sentamos. Observamos a la gente
deambular por la sala. Algunos se detienen y se sientan junto a nosotros, pero
sin vernos. Otros siguen su recorrido visual. En un papel bosquejamos cuatro
líneas. Imitamos a E. Munch. Vaya chorrada que acabamos de escribir. Imitamos a
E. Munch. ¿Preponderancia de la mujer? Autorretratos desnudo. Curvas. Rectas.
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