domingo, 7 de diciembre de 2014

Under the bridges of Stockolhm






Ayer no subimos en el correo del archipiélago y hoy para compensar nos subimos en un barco “Under the bridges of Stockolhm”, de estos barcos horteras y turísticos que te dan una vuelta por la ciudad. ¡Qué diferencia con el correo de Gotemburgo! Estos barcos, los turísticos, con patéticos, horribles, además de caros. Nosotros, es obvio, no pagamos. Ya se sabe... somo svirtuales. Ni siquiera sabemos porque hemos subido. A la derecha no sé que, va comentando la guía, a la izquierda pueden observar… Cruzamos unas esclusas. Durante un momento del recorrido diluvia. El agua golpea con fuerza contra los cristales.







Durante unos minutos no se puede contemplar nada. Observamos como las gotitas se deslizan dibujando figuras caprichosas. Algunas quedan estáticas unos segundos y de pronto comienzan su recorrido sinuoso. El barco tiene goteras. La gente cambia de asiento huyendo del agua. Milagrosamente al bajar no llueve y tenemos la suerte de no mojarnos. Odiamos mojarnos. No nos gusta la lluvia. ¡¡Encogemos!! ¿Los entes virtuales encogemos? Los virtuales no lo sé, los entes de trapo...sí. Estocolmo debería ser bastante espesita, muchos de los barrios se reformaron aprovechando momentos coyunturales determinados, haciendo la ciudad más limpia y más habitable. El norte de Europa nos resulta espesito. Bueno con el frío, pensamos, que se colocarían la ropa en Septiembre y no se la quitarían hasta  el mes de Marzo o Abril. La mayoría de barrios son nuevos. Por lo visto, más que por lo visto, por lo oído, aprovechando ciertas oportunidades socio-económicas derruyeron lo antiguo y restablecieron unas viviendas más dignas. Hoy en día Estocolmo es una ciudad a tener en cuenta. Una ciudad referente en cuanto a reciclaje y entorno natural.






¿Nos vamos a Tallinn?
Y dale con Tallinn.
No está programado.

¡¡Y qué más da!!!!

martes, 4 de noviembre de 2014

Seguimos en...




Hoy. Al abandonar el hotel, lo primero que nos encontramos es un indigente rebuscando en un cubo de basura. El corazón nos da un vuelco. 




¿Dónde quedaban aquellas historias de Mari y de Nicolás sobre Suecia? Y los libros que nos leía Mickel. “Suecia, infierno y paraíso”. “Europa, pecado y virtud”. Donde quedaba aquello de que en la nación sueca, un paraíso, todo eran virtudes. ¿Dónde queda la sociedad del bienestar? En la sociedad del bienestar hay gente en los contenedores cogiendo basura. ¿Es real lo que estamos viendo o quizás son alucinaciones? Seguimos andando. Cruzamos un puente. Por debajo un canal, donde fluye el agua, que comunica el lago Mälaren y el mar. Debíamos de haber leído con anterioridad al detective Kurt Wallander, que reflexiona, igualmente, desde la ciudad sueca de Ystad, donde ha quedado la sociedad sueca. ¿Cómo han sido posible tantos cambios? Llegamos al casco antiguo de la ciudad. Gamla Stam. Pintoresco. Nos sentamos en una plazoleta. Mitad en sombra y la otra mitad iluminada por un agradable y cálido sol. Llega una señora completamente sola. Se sienta en un banco junto al nuestro. ¿Nos ve? Se come un bocadillo sola. Se come la fruta, una pieza. Y un yogurt. Sigue sola. Y termina autorretratándose, también sola. ¿Sociedad del bienestar?





¿Nos vamos a Tallinn?
¿A Talliiiiinn? ¿A queeeeeeeeeeeeé?

Pues aTallinn

martes, 28 de octubre de 2014

Seguimos en Estocolmo







Seguimos en Estocolmo. Tras el desayuno, salimos buscando la Central Station. Seguimos preguntándonos el porqué de esta enfática aventura y no conseguimos dar con la respuesta. Ya tenemos la respuesta. ¿Por qué insistes? ¿Yoooooooo? Ya tienes la respuesta. Experiencia. Conocimiento. Vivencia. Aprendizaje. Un sinnúmero de días deambulando por Europa. Yo quiero volver a mi casa. Europa. Estocolmo. Ahora vivimos el presente, estamos en Estocolmo. La gente, afable, cordial, amable y simpática. Te ayudan en todo lo posible. Educados. Solícitos. Aunque limpia, lo que se dice limpia, la ciudad, no está mucho. Ni la estación, ni la ciudad. Nos decepciona. Esperábamos otra cosa, no sabemos qué, pero otra cosa.

¿Nos vamos a Tallinn?
¿A Tallinn?






viernes, 26 de septiembre de 2014

Frente al lago Mälaren







Nos sentamos junto al lago. Pensamos que nadie nos ve, somos virtuales. Inverosímiles. El día es fantástico. Sol. Nubes. Viento. Una luz impresionante. Un guía busca a su grupo. E imaginamos, tan sólo imaginamos, que en algún lugar, el grupo estará buscando a su guía. ¿Llorarán? El guía llama al hotel. Sin respuesta. No saben donde está el grupo. Sigue buscando. ¿Los encontrará? La respuesta en el próximo viaje. ¿Habrán desaparecido con los ”trolls”? ¿Se los habrán comido los osos? La gente entra en una tienda de recuerdos que hay en la planta baja. Nos sentamos en un banco. ¡Ojo! A ver si nos pisan, como… no nos ven. ¿Y si sí nos ven y se hacen los suecos? Otra vez, frente al lago Mälaren. El día sigue siendo fantástico. Lo más impresionante la luz. No, no y no. No nos apetecía venir a Estocolmo, no nos apetecía y no nos apetece. Más claro imposible. Pero ¿Por qué? No hay una lógica coherente. Antojos. Rarezas. Caprichos. Necesitamos a Freud. ¿Nos entendería? ¿…?
- ¿Nos vamos a Tallinn?
- Yooooooooo?
- No, tú no, TODOS. La Panda.
- ¿Y qué hacemos en Tallinn?
- Lo mismo que en Estocolmo. Viajar.
- A mí no me gusta viajar. ¡¡Quiero volver a casa!!
-¿A casaaaaaaaaaaaaaaa? Si es fantástico, tía.
-Prefiero estar en mi casita.
-Vengaaaaaaaa.
- ¿A Tallinn?

Seguimos en Estocolmo.






viernes, 5 de septiembre de 2014

Ayuntamiento

Salimos hacia el Ayuntamiento. Viento, mucho viento. La verdad es que, de momento, no le encontramos el punto a Estocolmo. Exteriormente, el hotel es oscuro y feo. 




A distintos niveles, en paralelo, y por el exterior, atraviesan por delante del edificio del hotel las carreteras y las vías del ferrocarril. Nos da la sensación que parece Chicago, el metro de Chicago, nunca hemos estado en Chicago, tan sólo la hemos visto en películas, en fotos, pero nadie nos quita la sensación de estar en la ciudad americana. No hay ningún tipo de bucolismo. Los peatones cruzamos por debajo de las calzadas y de las vías del tren. La verdad que no es muy romántico. Aunque vamos chunguito… voy generando de menos a más. En el Ayuntamiento hay que pagar para entrar dentro del edificio. ¡¡Por supuesto, nosotros no pagamos!! Ventajas de ser virtuales. 




Puedes pasear gratuitamente por el patio y por el jardín. Una joven lo intenta, penetrar por lo bravo, pero queda en eso, en un vano intento, porque conseguirlo, no lo consigue. Los grupos llevan su adhesivo identificativo en la solapa. Ella, aunque está toda enfadada, no lo lleva. Nosotros como somos virtuales, sí lo hemos conseguido.

domingo, 31 de agosto de 2014

"Pa´l" Norte, otra vez.






Hoy toca otra vez cambio. Y la pregunta de hoy y la pregunta desde que iniciamos el viaje es ¿a qué coño vamos a Estocolmo? No sabemos el porqué, pero se nos ha atragantado. Eso de volver a subir… no nos gusta. Cuando salimos de viaje. Siempre de retorno. Al pesebre. Siempre bajando. Hacia casa. Al Sur. Porque el sur también existe.




El viaje en tren se nos hace larguito. Posiblemente porque vamos con los campos magnéticos cambiados. En negativo. Desde las diez a las quince horas. Cinco horas de tren. Teníamos, teníamos siempre teníamos, que haber cogido el tren de alta velocidad. Gotemburgo, Estocolmo, tres horas y poco. Pensamos que trayectos más largos podríamos realizar sin cansarnos tanto. El problema son las vibraciones. Si son positivas o negativas. Bosques. Lagos. Cereales. Vagarda. Falköping. Sköyde – hay un cuartel militar - Cereales. Orebro. Bosques. Bosques. Kóping – ¿un misil cohete? - Västerás – El lago Mälaren – Central Station. La T-Centralem la encuentramos rara. El  tren se ha detenido en la planta baja, junto al Arlanda Espress.




Después de todo el día deambulando entre bosques, lagos, más bosques y más lagos, en un tren borreguero de Sur a Norte y de Norte a Oeste, el recorrido es antinatural, por fin se decide, da la vuelta rodeando el lago Mälaren y llegamos a Estocolmo. Pero… sinceramente por quince euros ¿se puede pedir más?





Agotados. Mal.  Mal. Hemos llegado a contrapelo.

Frío. Frío.


Cenamos y a la cama. Dormimos de un tirón hasta las siete. Nos hacía falta