domingo, 3 de abril de 2016

Riga

Bosques, bosques y más bosques. Tras pasar por el aeropuerto de Riga, nos deja en la Estación de Autobuses sobre las doce y media.

Taxi. Hotel Bergs, please. Nos da una vueltecita turística a la ciudad, porque posteriormente pudimos comprobar que la estación estaba a unos quinientos metros escasos del hotel. ¡Qué le vamos a hacer! ¡¡Viva el turismo!! Y dicen, los no viajeros, que la picaresca es española. ¡Y olé! ¡Viva La aldea Global.





La habitación amplia y con calidad. Cama, súper-ancha. King size, que llaman. Cabemos todos. Dormiremos todos arremolinados y apelotonados. Sofá. Dos sillones. Un gran armario. Vistas, a una calle peatonal. O. K.





Pasemos al aspecto humano… el botones que nos acompaña y que nos sube el baúlito, un “pesadote” de los que agobia y abruma. Si no nos hiciesen caso… nos quejaríamos. ¡¡¡Somos invisibles!!! Si nos hacen, y nos instruyen de todo lo aconsejable, y parte de lo silenciable, nos quejamos. ¡Tenemos que lamentarnos de todo! ¡Qué se le va a hacer!

Y tú… ¿de qué te quejas?
¿Yooooooooooo?
Sí, tú.

Y con su grave voz... De nada.


martes, 29 de marzo de 2016

Hacia Riga


Nos despertamos a las cuatro de la madrugada. Nos relajamos. WC. Ducha, sí, aunque no lo parezca, nos duchamos y todo. Desayuno a las siete. El último día. El último desayuno. Un agradable lugar. La gente amable. 
Taxi. Bus station.
Passport, please. O. K.



El Bus, Lux-Express, sale puntualmente a las ocho.  

Si hay que ser sinceros, el autobús, moderno y casi nos atreveríamos a decir lujoso. No esperábamos tanto. Tiene su WC. Su cafetera. Lástima que no tomemos café. Asientos confortables. Tras cuatro horas, ni un dolor en la espalda, ni un esguince, ni tirones musculares. El viaje, ameno, placentero y agradable. Lo más interesante, la peculiar forma que tenía el conductor para llevar el bus a su destino. Como si condujese un Word Rallye Car. Más parecido a un piloto de competición que a un chófer de autobús público. Adelantaba sin esperar la posibilidad o no de poder realizar la maniobra. El coche adelantado, el sujeto pasivo, se desplazaba hacia el arcén de nuestra derecha, si por casualidad, aparecía un vehículo de frente, sin problemas, pues ya se apartará, al arcén de nuestra izquierda, cuando lo hay, sino hay arcén, "not problem", a la hierba.







 No sabemos si todo el mundo manejará los vehículos a motor de “aquesta” guisa, o tan sólo será su estilo personal. Pero la verdad, es que nadie, nadie, le encendía las luces o hacía sonar el claxon. Nada de palabras malsonantes, nada de insultos, ni gestos compulsivos.  Será la conducción concertada. No sabemos. ¿...?

jueves, 10 de septiembre de 2015

Pirita







Último día. Lloviendo. Comentamos nuestro plan en recepción. Nos piden un taxi. El taxista, Joel, habla un perfecto inglés. Destino, Pirita. Tras dejar atrás la ciudad nos desplazamos por una carretera prensada entre el mar, a la izquierda, y el bosque, a la derecha. Este lugar me encanta, nos comenta el taxista. También nos ve. En otoño su olor es característico, nos sigue contando,  una mezcla de salitre y de floresta, me siento aquí y paso horas y horas. En invierno, congelado. En verano, turismo. En primavera, ¿…? La época ideal, Otoño. Si volvemos a Tallinn, lo intentaremos comprobar, eso sí, en otoño. Sigue lloviendo. La lluvia impide que disfrutemos de St. Bridget´s Convent. ¿Rocca Al Mare? O. K. Más de los mismo. Casi imposible bajar del taxi. Hay momentos que la lluvia arrecia con fuerza. Llueve más aquí en cinco minutos que en Moraira en todo un año. Joel sonríe.




 A mediodía volvemos al hotel. Nos deja su tarjeta. Su mujer también es taxista. “Tere”, no, no, la chica de recepción no se llama Tere, sino que hemos aprendido a decir “hola” en estonio. Tere significa hola. Y hasta luego, “head aega”. Por la noche y como despedida, volvemos a embelesarnos y a dejarnos seducir por la estrecha callejuela, Katariina Kaik, por el tétrico y lúgubre pasaje, que debido a la lluvia y a la sombría oscuridad…     



  


martes, 7 de abril de 2015

Katariina Kaik


Por la tarde/noche salimos a dar una vueltecita por los alrededores del hotel. Una exagerada lleva suéter y chaquetón. Hace fresquito, pero no para tanto abrigo. Nosotros, en manga corta. Tenemos energía calorífica acumulada. Somos virtuales. No tenemos frío. Tenemos las baterías llenas. Nos introducimos por una estrecha callejuela, Katariina Kaik, por un pasaje, que debido a la lluvia y a la sombría oscuridad, produce una tétrica y lúgubre sensación. Nos encanta. Tiene unas sensaciones que nos cautivan. Nos sentimos a gusto en la umbrosa callejuela. Las personas que la cruzan parecen fantasmas. Fantasmas de otra época. Si damos rienda suelta a la imaginación, ¿cuántos asesinatos? ¿cuántas citas clandestinas? ¿cuántos recuerdos tendrá guardados Katariina Kaik? 





El pasaje accede a las murallas. Las murallas, El Principe Valiente, que rodean la ciudad, son totalmente diferentes de las de los castillos españoles. En España, El Capitán Trueno, en la parte superior de las murallas, las almenas, nos parece que se llaman, están al aire libre, en Tallinn están cubiertas, para proteger a los soldados de las inclemencias del tiempo, suponemos. Un Puti-Club, adosado a la muralla, La Historia y El Sexo. Que no es lo mismo, que la historia del sexo. Debe tener su morbo “echar un polvete” pegado a siglos de historia. ¿Yoooooooooo? Pues no. It´s not for us. Seguimos paseando entre La Historia, los Clubs y los Restaurantes. 






Hay calle, que toda la calle es un restaurante. Cenamos, própolis, echinacea, jalea real, polen y miel, a la luz de las velas y bajo el sonido de los violines. 







lunes, 30 de marzo de 2015

No somos virtuales.


Salimos del centro comercial. No nos interesa. ¡Taxi! ¡Al Parlamento! Where are you from? From Spain. We are from Spain. We are traveling together. ¡¡jolín tío, cómo nos manejamos con el inglés!! ¿Yoooooooooo? Tú no, todos. El taxista nos cuenta que el pasado año estuvo en La Costa Blanca. Y este año irá a Málaga. Pues el taxista nos ve. ¿A nosotroooooos? Sí. Pues si somooooos virtuales. Pues no seremos virtuales. Mickel nos miente o no nos cuenta toda la verdad. Dice que somos producto de su mente y que nadie nos ve. De aquí no puedo pasar, nos indica. O. K. Nos apeamos. Nos toca andar. Ya estamos hechos a ello. Segundo vagabundeo por Tallinn. El Parlamento. 





Catedral Ortodoxa, siguen cobrando por entrar. 







Miradores. Desde los miradores, por supuesto, se vislumbra toda la ciudad. Allá abajo, el puerto, con sus cruceros turísticos, los que cada vez que atracan dejan unos millares de personas  trotando por la ciudad que ha sido atracada. Y nunca mejor dicho, atracada. Un herrero quiere grabar nuestro nombre  en una moneda. Trae suerte, nos dice. ¿Cuánto? ¡vale! Al fin y a la postre somos unos pobres turistas. Unos turistas que nos ve la gente. Una guía personal les comenta a una pareja que los edificios que se ven al fondo, de ínfima calidad, fueron construidos aprisa y corriendo para ubicar gente rusa en Tallinn, por aquello de la ”dominación”, ya sabes, la colonización. Nos sentamos. Observamos. Escuchamos. Contemplamos. NO SOMOS VIRTUALES. LA GENTE NOS VE Y HABLA CON NOSOTROS. 


domingo, 29 de marzo de 2015

Segundo día



De nuevo en la calle. Calle Vene. El hotel, atrás, en la esquina. Hoy no giramos a la derecha buscando La Plaza Principal. Hoy, recto y al final de la calle derivamos a la izquierda. Hemos cambiado de partido político. Llegamos hasta un par de torres que flanquean y escoltan la puerta de entrada, ¿salida?, del casco antiguo.











 A la derecha unas docenas de tenderetes de flores. Una eclosión de colores que se agradece, la vida es en colores, aunque Mickel se empeñe en seguir en el blanco y negro. El último alquimista. A la derecha los buses turísticos. Un recorrido por toda la ciudad, puedes subir y bajar en los puntos marcados donde desees y esperar el siguiente bus. El último alquimista, Mickel, que se niega a cambiarse al sistema digital, sencillamente porque no le gustan los ordenadores, le generan dolor de espalda, de hombros, de dedos… Frente a nosotros, modernos edificios. La estación de autobuses, hoteles, supermercados… a algunos ya los conocemos, Rimi, Maxima. Entramos en un centro comercial. Un centro comercial como todos los centros comerciales. La Aldea Global. 










PNT miguel david