martes, 29 de marzo de 2016

Hacia Riga


Nos despertamos a las cuatro de la madrugada. Nos relajamos. WC. Ducha, sí, aunque no lo parezca, nos duchamos y todo. Desayuno a las siete. El último día. El último desayuno. Un agradable lugar. La gente amable. 
Taxi. Bus station.
Passport, please. O. K.



El Bus, Lux-Express, sale puntualmente a las ocho.  

Si hay que ser sinceros, el autobús, moderno y casi nos atreveríamos a decir lujoso. No esperábamos tanto. Tiene su WC. Su cafetera. Lástima que no tomemos café. Asientos confortables. Tras cuatro horas, ni un dolor en la espalda, ni un esguince, ni tirones musculares. El viaje, ameno, placentero y agradable. Lo más interesante, la peculiar forma que tenía el conductor para llevar el bus a su destino. Como si condujese un Word Rallye Car. Más parecido a un piloto de competición que a un chófer de autobús público. Adelantaba sin esperar la posibilidad o no de poder realizar la maniobra. El coche adelantado, el sujeto pasivo, se desplazaba hacia el arcén de nuestra derecha, si por casualidad, aparecía un vehículo de frente, sin problemas, pues ya se apartará, al arcén de nuestra izquierda, cuando lo hay, sino hay arcén, "not problem", a la hierba.







 No sabemos si todo el mundo manejará los vehículos a motor de “aquesta” guisa, o tan sólo será su estilo personal. Pero la verdad, es que nadie, nadie, le encendía las luces o hacía sonar el claxon. Nada de palabras malsonantes, nada de insultos, ni gestos compulsivos.  Será la conducción concertada. No sabemos. ¿...?

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