domingo, 3 de abril de 2016

Riga

Bosques, bosques y más bosques. Tras pasar por el aeropuerto de Riga, nos deja en la Estación de Autobuses sobre las doce y media.

Taxi. Hotel Bergs, please. Nos da una vueltecita turística a la ciudad, porque posteriormente pudimos comprobar que la estación estaba a unos quinientos metros escasos del hotel. ¡Qué le vamos a hacer! ¡¡Viva el turismo!! Y dicen, los no viajeros, que la picaresca es española. ¡Y olé! ¡Viva La aldea Global.





La habitación amplia y con calidad. Cama, súper-ancha. King size, que llaman. Cabemos todos. Dormiremos todos arremolinados y apelotonados. Sofá. Dos sillones. Un gran armario. Vistas, a una calle peatonal. O. K.





Pasemos al aspecto humano… el botones que nos acompaña y que nos sube el baúlito, un “pesadote” de los que agobia y abruma. Si no nos hiciesen caso… nos quejaríamos. ¡¡¡Somos invisibles!!! Si nos hacen, y nos instruyen de todo lo aconsejable, y parte de lo silenciable, nos quejamos. ¡Tenemos que lamentarnos de todo! ¡Qué se le va a hacer!

Y tú… ¿de qué te quejas?
¿Yooooooooooo?
Sí, tú.

Y con su grave voz... De nada.


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