Bosques, bosques y más
bosques. Tras pasar por el aeropuerto de Riga, nos deja en la Estación de
Autobuses sobre las doce y media.
Taxi. Hotel Bergs,
please. Nos da una vueltecita turística a la ciudad, porque posteriormente
pudimos comprobar que la estación estaba a unos quinientos metros escasos del
hotel. ¡Qué le vamos a hacer! ¡¡Viva el turismo!! Y dicen, los no viajeros, que la picaresca es española. ¡Y olé! ¡Viva La aldea
Global.
La habitación amplia y con calidad. Cama, súper-ancha. King size, que
llaman. Cabemos todos. Dormiremos todos arremolinados y apelotonados. Sofá. Dos
sillones. Un gran armario. Vistas, a una calle peatonal. O. K.
Pasemos al aspecto humano… el botones que nos acompaña y que nos sube
el baúlito, un “pesadote” de los que agobia y abruma. Si no nos hiciesen caso…
nos quejaríamos. ¡¡¡Somos invisibles!!! Si nos
hacen, y nos instruyen de todo lo aconsejable, y parte de lo silenciable, nos
quejamos. ¡Tenemos que lamentarnos de todo! ¡Qué se le va a hacer!
Y tú… ¿de qué te
quejas?
¿Yooooooooooo?
Sí, tú.
Y con su grave voz... De nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario