Con el fin de regular, son muchos días, y no agotarnos
dando largos paseos, decidimos, ¿por votación?, ¿por imposición?, montarnos en el Tram número
doce.
Subimos cerca de las diez en el centro, en el centro los edificios son elegantes,
distinguidos y señoriales, imaginamos que los precios de los apartamentos irán
en consonancia con el porte del edificio, o sea, precios elevados, nos vamos
alejando del epicentro de la ciudad y vamos entrando en extrarradio, en suburbios,
que diría Leo, los edificios, aunque de buen gusto, ya no parecen tan dignos ni
tan señoriales.
Entramos en un tercer cinturón, casas más sencillas y humildes,
imaginamos que los precios irán en descenso conforme nos alejamos de la médula
espinal, ya que la calidad de los edificios, observamos, que va decayendo.
La
siguiente área que atraviesa el tranvía está compuesta de casitas
residenciales, las casas suelen estar construidas de madera, el problema de la
madera es que hay que cuidarla mucho, lo sabemos por experiencia, si no se
deteriora, dando la sensación de envejecimiento.
Si lo analizas fríamente, la distribución social, es similar a
Valencia, similar a todas las grandes ciudades, el centro, siempre es el
centro, las zonas periféricas, puestas de moda de cuando en cuando, hay que
venderlas, extrarradio y suburbios, y vuelta a las zonas residenciales,
actualmente en urbanizaciones con chalets y adosados. ¿Y cuando todo el mundo
viva en las urbanizaciones? Los volveremos a traer al centro de la ciudad. En
la última parada nos hacen bajar del tranvía, para volver a subir diez metros
más allá. ¿…? ¿Control? Volvemos al
centro, tras volver a atravesar, la zona residencial, las mil ventanas copadas
por la inmigración y el centro. Abandonamos el tranvía a las…






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