Nos quedamos pensativos.
¿qué le pasa a esa habitación? ¿…? ¿…? Nos adormecemos un pelín. Soñamos.
Soñamos que hay una gran bacanal dentro de la habitación. Me despierto
sobresaltado. ¡Buf! Eran sueños. El resto de La Panda duerme. ¡¡Eh!!. Nadie me
responde. ¡¡Eh!! Silencio en la noche. Me vuelvo a adormecer. Arrullado.
Amodorrado, considero, armonizando con Román de la Calle, que la foto de Mickel
es “intimista, que coquetea y zigzaguea con su autobiográfica, ambigua y
sugerente, que no dice nada, insinúa”.
“Intenta percibir las
cosas más simples que le rodean. Están “ahí”, es cierto, pero hay que reparar
en ellas. Intenta captar figuras, formas y dibujos de la realidad cotidiana
que, justamente por ese hecho, por formar parte de la realidad cotidiana en la
que se dan, pasan desapercibidas. Descubrir otro Universo. Al tiempo que aspira
a un juego caprichoso de la luz y de la sombra… misterio… espejismo. Al final
capta las imágenes que le parecen más sugerentes, aquellas que le despiertan
más sensaciones. Quiere que al observador también le provoquen sentimientos.
Que la visión sea un estímulo. Lo paradójico es que las sensaciones del autor y
la de los observadores generalmente no coinciden”
¡¡Eh!! ¿Estás despierta?
¿Yoooooooooooooo?
Sí, tú.
Pues siiiiiiiiiiii. Porque me
has despertado.
Ah!!
