lunes, 25 de abril de 2016

Ambigua y sugerente


Nos quedamos pensativos. ¿qué le pasa a esa habitación? ¿…? ¿…? Nos adormecemos un pelín. Soñamos. Soñamos que hay una gran bacanal dentro de la habitación. Me despierto sobresaltado. ¡Buf! Eran sueños. El resto de La Panda duerme. ¡¡Eh!!. Nadie me responde. ¡¡Eh!! Silencio en la noche. Me vuelvo a adormecer. Arrullado. Amodorrado, considero, armonizando con Román de la Calle, que la foto de Mickel es “intimista, que coquetea y zigzaguea con su autobiográfica, ambigua y sugerente, que no dice nada, insinúa”.






“Intenta percibir las cosas más simples que le rodean. Están “ahí”, es cierto, pero hay que reparar en ellas. Intenta captar figuras, formas y dibujos de la realidad cotidiana que, justamente por ese hecho, por formar parte de la realidad cotidiana en la que se dan, pasan desapercibidas. Descubrir otro Universo. Al tiempo que aspira a un juego caprichoso de la luz y de la sombra… misterio… espejismo. Al final capta las imágenes que le parecen más sugerentes, aquellas que le despiertan más sensaciones. Quiere que al observador también le provoquen sentimientos. Que la visión sea un estímulo. Lo paradójico es que las sensaciones del autor y la de los observadores generalmente no coinciden”





¡¡Eh!! ¿Estás despierta?
¿Yoooooooooooooo?
Sí, tú.

Pues siiiiiiiiiiii. Porque me has despertado. 
Ah!!


domingo, 24 de abril de 2016

Toc - Toc



Tras la comida, propóleo, echinacea, jalea… lo de siempre, subimos a la habitación para relajarnos un poco. Descabezar un sueñecito, nos hemos aburguesado, de cinco minutos. Nos acomodamos en el sofá. Reclinamos las cabecitas en el apoya brazos. ¡Toc! ¡Toc! Hum… llaman a la puerta. ¿Quién será? ¿Aquí en Riga? ¿Quién será la que me quiera a mí...? ¿Quién será...? ¿Quién será...? Abrimos. Ante la puerta, un caballero cincuentón. Mira y pide perdón. Obviamente en inglés, el lenguaje universal, el esperanto actual. ¿Quería algo? Me han dicho, la puerta frente el ascensor. Estoy cerca del ascensor, pero no enfrente. Debe ser aquella. Gracias. ¡Lo siento! Más lo sentimos nosotros que nos ha despertado. Otra vez al sofá. Nos acomodamos. Intentamos relajarnos.




 ¡Toc! ¡Toc! ¡Hum…! Llaman a la puerta, otra vez. Una simpaticona rubiales. ¡Hola! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! Y desaparece. Nos quedamos pensativos. ¡Demasiadas llamadas sospechosas! O quizás somos unos mal pensados. Cerramos  la puerta. Vuelta al sofá. Nos volvemos a sentar. A recostar, por no repetir la palabra sentar. Podríamos escribir: Acomodar. Respaldar, lo que quieras. Intentamos relajarnos. No han pasado ni veinte minutos… ¡Toc! ¡Toc! ¿Otra vez? Nos levantamos. Abrimos la puerta… y nos encontramos a un sesentón de un metro sesenta, en batín, el batín desabrochado, enseñando su partes pudendas y nefandas, y... en la mano derecha… tres botellas de cava, la mano izquierda apoyada en la cadera, con mohín incluido. ¡Jolín! ¡¡¡…!!!  ¿¿¿…??? ¿pero qué pasa? Sorry. Sorry. Sorry. Debíamos de haberlo seguido. ¿pero qué pasaba en esa habitación? ¿…? ¡…! ¿¿¿…??? ¿¿¿…??? ¡¡¡…!!! ¡Toc! ¡Toc! ¿otra vez? Esta vez son dos empleadas del hotel. ¡Hola! ¡Hola! ¡Hola! Mientras nos saludan y sonríen, nos preguntan si necesitamos algo, “Sí, que nos aclaren, el meneo de la habitación”, y sonriendo, sonriendo nos dejan unos bombones, nos abren la cama, toman notas y desaparecen. ¡Bye! ¡Bye! ¡Bye! Nos quedamos sin saber la esencia misma del asunto. Además, nos han fastidiado, ya no tenemos ganas de dormir. 



domingo, 3 de abril de 2016

Riga

Bosques, bosques y más bosques. Tras pasar por el aeropuerto de Riga, nos deja en la Estación de Autobuses sobre las doce y media.

Taxi. Hotel Bergs, please. Nos da una vueltecita turística a la ciudad, porque posteriormente pudimos comprobar que la estación estaba a unos quinientos metros escasos del hotel. ¡Qué le vamos a hacer! ¡¡Viva el turismo!! Y dicen, los no viajeros, que la picaresca es española. ¡Y olé! ¡Viva La aldea Global.





La habitación amplia y con calidad. Cama, súper-ancha. King size, que llaman. Cabemos todos. Dormiremos todos arremolinados y apelotonados. Sofá. Dos sillones. Un gran armario. Vistas, a una calle peatonal. O. K.





Pasemos al aspecto humano… el botones que nos acompaña y que nos sube el baúlito, un “pesadote” de los que agobia y abruma. Si no nos hiciesen caso… nos quejaríamos. ¡¡¡Somos invisibles!!! Si nos hacen, y nos instruyen de todo lo aconsejable, y parte de lo silenciable, nos quejamos. ¡Tenemos que lamentarnos de todo! ¡Qué se le va a hacer!

Y tú… ¿de qué te quejas?
¿Yooooooooooo?
Sí, tú.

Y con su grave voz... De nada.