domingo, 16 de febrero de 2014

Reflexiones




En el vestíbulo hay un chico con un enorme “teleobjetivo” de fotos. Fotos de naturaleza – nos dice. Pajaritos del bosque. Animalitos. Aunque intentamos entablar conversación fotográfica con él, no lo conseguimos, parece estar bastante endiosado. Esta naturaleza ya la conocemos. Es inherente al ser humano. Con las moléculas no pasa. ¿o quizás, sí? El endiosamiento. El encumbramiento y engrandecimiento gratuito de las personas, que si lo analizas no han realizado nada que merezca la pena nombrar. O como mucho, muy poca cosa. Se contemplan y contemplan llegando a extasiarse y a enajenarse creyéndose dioses. Dioses a los que hay que venerar y adorar. Por favor. Baja del pedestal, embobado de cojones. La verdad es que los mediocres si llegan a trepar, mínimamente, se convierten en personas engreídas.   



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