En el vestíbulo hay un chico con un enorme
“teleobjetivo” de fotos. Fotos de naturaleza – nos dice. Pajaritos del bosque. Animalitos. Aunque
intentamos entablar conversación fotográfica con él, no lo conseguimos, parece
estar bastante endiosado. Esta naturaleza ya la conocemos. Es inherente al ser
humano. Con las moléculas no pasa. ¿o quizás, sí? El endiosamiento. El
encumbramiento y engrandecimiento gratuito de las personas, que si lo analizas
no han realizado nada que merezca la pena nombrar. O como mucho, muy poca cosa.
Se contemplan y contemplan llegando a extasiarse y a enajenarse creyéndose
dioses. Dioses a los que hay que venerar y adorar. Por favor. Baja del
pedestal, embobado de cojones. La verdad es que los mediocres si llegan a trepar,
mínimamente, se convierten en personas engreídas.
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