Último día. Lloviendo.
Comentamos nuestro plan en recepción. Nos piden un taxi. El taxista, Joel,
habla un perfecto inglés. Destino, Pirita. Tras dejar atrás la ciudad nos
desplazamos por una carretera prensada entre el mar, a la izquierda, y el
bosque, a la derecha. Este lugar me encanta, nos comenta el taxista. También
nos ve. En otoño su olor es característico, nos sigue contando, una mezcla de salitre y de floresta, me siento
aquí y paso horas y horas. En invierno, congelado. En verano, turismo. En
primavera, ¿…? La época ideal, Otoño. Si volvemos a Tallinn, lo intentaremos
comprobar, eso sí, en otoño. Sigue lloviendo. La lluvia impide que disfrutemos
de St. Bridget´s Convent. ¿Rocca Al Mare? O. K. Más de los mismo. Casi
imposible bajar del taxi. Hay momentos que la lluvia arrecia con fuerza. Llueve
más aquí en cinco minutos que en Moraira en todo un año. Joel sonríe.
A
mediodía volvemos al hotel. Nos deja su tarjeta. Su mujer también es taxista.
“Tere”, no, no, la chica de recepción no se llama Tere, sino que hemos
aprendido a decir “hola” en estonio. Tere significa hola. Y hasta luego, “head
aega”. Por la noche y como despedida, volvemos a embelesarnos y a dejarnos
seducir por la estrecha callejuela, Katariina Kaik, por el tétrico y lúgubre
pasaje, que debido a la lluvia y a la sombría oscuridad…










