lunes, 30 de marzo de 2015

No somos virtuales.


Salimos del centro comercial. No nos interesa. ¡Taxi! ¡Al Parlamento! Where are you from? From Spain. We are from Spain. We are traveling together. ¡¡jolín tío, cómo nos manejamos con el inglés!! ¿Yoooooooooo? Tú no, todos. El taxista nos cuenta que el pasado año estuvo en La Costa Blanca. Y este año irá a Málaga. Pues el taxista nos ve. ¿A nosotroooooos? Sí. Pues si somooooos virtuales. Pues no seremos virtuales. Mickel nos miente o no nos cuenta toda la verdad. Dice que somos producto de su mente y que nadie nos ve. De aquí no puedo pasar, nos indica. O. K. Nos apeamos. Nos toca andar. Ya estamos hechos a ello. Segundo vagabundeo por Tallinn. El Parlamento. 





Catedral Ortodoxa, siguen cobrando por entrar. 







Miradores. Desde los miradores, por supuesto, se vislumbra toda la ciudad. Allá abajo, el puerto, con sus cruceros turísticos, los que cada vez que atracan dejan unos millares de personas  trotando por la ciudad que ha sido atracada. Y nunca mejor dicho, atracada. Un herrero quiere grabar nuestro nombre  en una moneda. Trae suerte, nos dice. ¿Cuánto? ¡vale! Al fin y a la postre somos unos pobres turistas. Unos turistas que nos ve la gente. Una guía personal les comenta a una pareja que los edificios que se ven al fondo, de ínfima calidad, fueron construidos aprisa y corriendo para ubicar gente rusa en Tallinn, por aquello de la ”dominación”, ya sabes, la colonización. Nos sentamos. Observamos. Escuchamos. Contemplamos. NO SOMOS VIRTUALES. LA GENTE NOS VE Y HABLA CON NOSOTROS. 


domingo, 29 de marzo de 2015

Segundo día



De nuevo en la calle. Calle Vene. El hotel, atrás, en la esquina. Hoy no giramos a la derecha buscando La Plaza Principal. Hoy, recto y al final de la calle derivamos a la izquierda. Hemos cambiado de partido político. Llegamos hasta un par de torres que flanquean y escoltan la puerta de entrada, ¿salida?, del casco antiguo.











 A la derecha unas docenas de tenderetes de flores. Una eclosión de colores que se agradece, la vida es en colores, aunque Mickel se empeñe en seguir en el blanco y negro. El último alquimista. A la derecha los buses turísticos. Un recorrido por toda la ciudad, puedes subir y bajar en los puntos marcados donde desees y esperar el siguiente bus. El último alquimista, Mickel, que se niega a cambiarse al sistema digital, sencillamente porque no le gustan los ordenadores, le generan dolor de espalda, de hombros, de dedos… Frente a nosotros, modernos edificios. La estación de autobuses, hoteles, supermercados… a algunos ya los conocemos, Rimi, Maxima. Entramos en un centro comercial. Un centro comercial como todos los centros comerciales. La Aldea Global. 










PNT miguel david