miércoles, 5 de noviembre de 2014
martes, 4 de noviembre de 2014
Seguimos en...
Hoy. Al abandonar el hotel, lo primero que nos
encontramos es un indigente rebuscando en un cubo de basura. El corazón nos da
un vuelco.
¿Dónde quedaban aquellas historias de Mari y de Nicolás sobre Suecia?
Y los libros que nos leía Mickel. “Suecia, infierno y paraíso”. “Europa, pecado
y virtud”. Donde quedaba aquello de que en la nación sueca, un paraíso, todo
eran virtudes. ¿Dónde queda la sociedad del bienestar? En la sociedad del
bienestar hay gente en los contenedores cogiendo basura. ¿Es real lo que estamos
viendo o quizás son alucinaciones? Seguimos andando. Cruzamos un puente. Por debajo
un canal, donde fluye el agua, que comunica el lago Mälaren y el mar. Debíamos
de haber leído con anterioridad al detective Kurt Wallander, que reflexiona,
igualmente, desde la ciudad sueca de Ystad, donde ha quedado la sociedad sueca.
¿Cómo han sido posible tantos cambios? Llegamos al casco antiguo de la ciudad.
Gamla Stam. Pintoresco. Nos sentamos en una plazoleta. Mitad en sombra y la
otra mitad iluminada por un agradable y cálido sol. Llega una señora
completamente sola. Se sienta en un banco junto al nuestro. ¿Nos ve? Se come un
bocadillo sola. Se come la fruta, una pieza. Y un yogurt. Sigue sola. Y termina
autorretratándose, también sola. ¿Sociedad del bienestar?
¿Nos vamos a Tallinn?
¿A Talliiiiinn? ¿A queeeeeeeeeeeeé?
Pues aTallinn
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